Traductor

Entrevista a Endo Sensei


La siguiente entrevista fue realizada por Stanley Pranin y fue publicada en el nº 106 de Aikido Journal en el año 1996.

Periodista:

Tengo entendido que experimentó un gran cambio cuando alcanzó los 30 años.

Endo:

Cuando tenía exactamente 30 años me disloqué el hombro derecho. Este acontecimiento desencadenó un giro en mi modo de acercarme al Aikido. Estando en esas condiciones, Seigo Yamaguchi me dijo: “has estado practicando Aikido durante 10 años, pero ahora solo tienes el brazo izquierdo, ¿Qué vas a hacer?”.

Hasta ese momento yo no había practicado mucho con Yamaguchi Sensei, pero después de su comentario decidí ir a sus clases tantas veces como me fuera posible. Yo empezaba a darme cuenta de cuanto dependía de mi fuerza en mis hombros y en mis brazos; y me había preguntado si sería para mí posible la práctica de Aikido de ese modo. Con estos pensamientos en la cabeza, la pregunta de Yamaguchi Sensei fue el empujón que me faltaba para acceder a mi siguiente nivel de práctica. Aproveché esta oportunidad para cambiar 180º mi forma de acercarme al Aikido.

A todo el mundo le han dicho por lo menos una vez, “quita la fuerza de los hombros”. Yamaguchi Sensei también hablaba de practicar Aikido sin ayuda de la fuerza. Por supuesto, es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

Cuando uno trata de sacar la fuerza de sus hombros, a menudo el Ki se va con ella. Se puede hacer también una comparación con el esquí, pues haciendo todo lo posible por imitar al profesor, uno mejora rápidamente. Pero las cosas comienzan a fallar cuando uno intenta hacerlo por su cuenta.

Yo experimenté algo similar en mi intento de liberarme de la fuerza. Podía hacerlo cuando Yamaguchi estaba cerca, pero tan pronto se iba me sentía incapaz. Era muy frustrante y siempre terminaba practicando a mi modo. Y luché con este problema cerca de medio año.

Creo que fue Shinran( 1173-1263, fundador de la secta “Tierra Pura” de Budismo) quien dijo: incluso cuando lo que dice mi maestro me parece un error, incluso si me parece que estoy equivocado, tengo absoluta confianza en lo que debo hacer y sigo el camino de mi maestro, incluso si me conduce al infierno. “Yo pensé: ¿por qué no?, si voy a perder mi camino por Yamaguchi Sensei, que así sea”. Añadir a todo esto que Yamaguchi Sensei me había dicho: “incluso si no entiendes, hazme caso y hazlo, solo dale 10 años más o menos…”, eso fue lo que hice. En vez de tratar de desprenderme de la fuerza (y volver a ella cuando la técnica no funciona), resolví explorar únicamente la forma de la “no fuerza”, sin que me importara el resultado.

De todos modos, aunque ya estaba seguro en mi mente, las condiciones de práctica no cambiaron. No tardé en darme cuenta de que mis compañeros de práctica no tomaban ukemi cuando yo trataba de tirarlos sin fuerza. No me quedaba otra alternativa que decirles: “no puedo hacer esta técnica aún, pero ¿puedo pedirte que tomes ukemi ahora?”, era una propuesta inusual para un 4º Dan, y la gente quedaba un poco sorprendida. Así fue como comencé a practicar de esta nueva manera, teniendo especial cuidado de no frustrarme o irritarme porque sabía que eso me llevaría directo a la fuerza.

Mientras Yamaguchi Sensei me proyectaba murmuraba cosas como: “cuanto más dejes ir tu fuerza, más se concentrará tu Ki”o “concentra tu fuerza en el bajo vientre”. Yo trataba de prestar atención a lo que hacía cuando tomaba ukemi, y creo que después de algunos años comencé a darme cuenta de lo que me decía Yamaguchi y de lo que hacía.

Sabía que, finalmente había encontrado una forma de práctica que funcionaba para mí. Desde entonces comencé a trabajar exclusivamente en una técnica cada vez que entrenaba. Por ejemplo, no hacía nada más que Shomen uchi Ikkyo durante medio año, no importaba en que dojo me encontrase. Entrenando de este modo comprendí profundamente cada técnica. Me ayudó a darme cuenta de que manera encarar cada técnica, en cada situación diferente y también del principio básico de cada técnica ( que se puede aplicar a otras). En aquellos tiempos cuando enseñaba solía decir cosas como: “observaos atentamente y sentid que estáis haciendo o “sentid a vuestro compañero y observad la relación entre él y vosotros”. Por “Tí” yo quería hacer mención al estado mental y equilibrio físico, así como la relación entre ambos. Hay una expresión: “mente, técnica y cuerpo son uno solo” (Shín Gi Tai Itchi). Cuando la mente está en desorden al cuerpo le es imposible moverse efectiva y eficientemente. Del mismo modo un cuerpo desequilibrado puede agitar la mente hasta el punto en que le es imposible comprender la relación entre uno y su compañero, relación que en definitiva indica que técnica corresponde.

Una vez hecho el contacto inicial (de ai), moviendo el cuerpo apropiadamente (tai sabaki), y desequilibrando al compañero (kuzushi), es imprescindible percibir que técnica surge naturalmente de la relación entre uno y el compañero. O´Sensei hablaba de “hacerse uno con el Cosmos” o “ser uno con la Naturaleza”. Una forma de interpretar esto es tratar de no forzar la técnica de acuerdo con nuestra propia y única voluntad, no insistir en completar la técnica que uno ha elegido, deberíamos en cambio percibir la técnica que surge naturalmente…nosotros practicamos Aikido yendo a través de la técnica una a una. Repitiendo lo que nuestro Maestro nos muestra. Eso significa que debemos hacer esa técnica en particular sin importar lo que suceda (incluso si implica un grado de esfuerzo excesivo), en otras palabras, incluso si involucro movimientos que no surgen naturalmente. Es importante ser capaz de observarse a uno mismo para reconocer ese esfuerzo antinatural como tal.

Se necesita ser lo suficientemente perceptivo y objetivo para decirnos a nosotros mismos cosas como: “ la técnica estuvo bien pero el encuentro (de ai) con mi compañero no está funcionando.”, es importante chequearse constantemente y vigilar la consciencia de si los movimientos son naturales o no.

Fue después de que comenzara a entrenar sin fuerza que pude cambiar inmediatamente la técnica que estuviera haciendo a otra. Esto es lógico pues a menor esfuerzo empleado es más fácil cambiar a otra cosa.

Practicando de este modo recordé las palabras de O´Sensei: “ cuando es así, tu haces esto. Cuando es de esta otra forma haces esto otro…”, el nunca hacía lo mismo dos veces. Yo pensé: creo que sé a que se refiere. Con esta clase de perspectiva, nunca se utiliza demasiada fuerza, porque cada uno cambia a otra cosa según se necesite. Imagínese un río con rocas en él. Cuando el agua se encuentra con rocas pequeñas fluye sobre ellas. Cuando se encuentra con rocas más grandes fluye alrededor de ellas. Incluso si se contiene su cauce el agua no se detiene y en realidad su energía potencial sigue aún allí arremolinándose y acumulándose detrás de la presa, tratando de quebrarla o rebasarla. El Aikido es igual, no es un “camino de vida” si uno limita el encuentro a una técnica en particular, es importante ser capaz de cambiar y hacer otra cosa en el caso de que las condiciones cambien y suspender lo que uno está haciendo para obtener el efecto deseado.

No se trata solo de fluir hacia algo diferente cuando uno se encuentra bloqueado, es también necesario investigar como “ahorrar energía”. Además todos tenemos potencialidades sin desarrollar, por lo tanto deberíamos pensar como sacarlas a relucir aplicando esa energía latente.

En el “Tora no Maki” una obra que según se dice contiene los secretos más profundos de las artes marciales y la estrategia se comenta: “ lo que llega es recibido, lo que se va es enviado en esa dirección; lo que está en oposición se armoniza. Cinco y cinco son diez, dos y ocho son diez, uno y nueve son diez. De esta manera las cosas deberían armonizarse. Hay que distinguir apariencia de realidad comprendiendo el propósito verdadero y la estrategia oculta. Hay que conocer la potencialidad inadvertida y las implicaciones escondidas. Comprender tanto el plan general como así también prestar atención a los detalles y particularidades, tanto como sea necesario. Cuando uno se enfrenta con una situación de vida o muerte, hay que responder a los cambios que tienen lugar y enfrentar la situación con la mente libre de agitación.” Este corto pasaje me proveyó de un basto alimento para mis reflexiones.

P: Esas palabras pueden ser aplicadas tanto al Aikido como a la vida en general, ¿no cree?

E: Exacto. Nosotros aprendemos este tipo de cosas a través de la práctica pero en realidad la mayoría de nosotros pasa más tiempo fuera del dojo que en él, por lo tanto sería extraño no darse cuenta de que lo que aprendemos en el dojo es extensible a otros aspectos de la vida.

No es del todo apropiado hablar de ganar o perder cuando se habla de Aikido, pero la mejor victoria es, creo, cuando se logra armonía con el oponente y ambos sienten esa armonía.

Tenemos la oportunidad de estudiar muchas técnicas diferentes durante nuestro entrenamiento, pero creo que no es necesario que sean tantas. De hecho, podría ir tan lejos como para afirmar que las técnicas que se toman para 5º Kyu (shomenuchiikkyo, shomenuchiirminague, katatedorishihonague y suwariwazakokyuho) pueden probablemente enseñar todo lo que uno debería saber sobre acerca del ma-ai, sabaki, kuzushi y la forma de usar el cuerpo y la mente. Muchas personas no se sienten satisfechas a menos de que aprendan un gran número de técnicas, pero el hecho es que sólo permanece lo comprendido. Lo enseñado no es verdaderamente propio hasta que no ha sido interiorizado a través del esfuerzo.

P: ¿Cómo compararía la práctica en Japón con la práctica en el extranjero?

E: Odio decir esto, pero siento que los japoneses no son tan buenos en el sentido de que son demasiado rígidos. La falta de práctica puede ser parte del problema, pero el japonés es demasiado estricto en el dojo. Pienso que es importante mantener una suave y relajada actitud durante toda la práctica. No creo que esto vaya en contra del vigor marcial del arte, mientras se practique seriamente. Hay una famosa historia sobre el 3er Shogun del período Tokugawa: Lemitsu (1604-1651, gobernó desde 1623-1651). Según parece había recibido un tigre de regalo desde Korea. Lemitsu puso varios animales en la jaula para ver cómo les iba. A ninguno le fue muy bien, por supuesto. No encontrando esto interesante, decidió “subir la apuesta” enviando a Yagyu Tajima No Kami, un consumado espadachín quien además había pasado a ser un instructor de esgrima. Yagyu entró armado con su bokuto (espada de madera) pero logró sobrevivir y emergió de la jaula exhausto y bañado en sudor. Luego Lemitsu decidió mandar al monje Zen Takuan. Después de discutirlo un rato, Lemitsu lo amenazó con castigarlo y Takuan aceptó. Cuando entró a la jaula el tigre simplemente se aproximó y se hecho cerca de sus pies.
La historia es un buen ejemplo de que siempre hay que mantener un estado de calma ordinario y cotidiano. No importa si tu enemigo es una persona o un tigre, si te aproximas con una actitud dañina, querrá atacarte. Pero si uno no oculta ninguna intensión y se deja impregnar por una calma normal y cotidiana, lograrás un estado de ecuanimidad. (HeigoShiti).

Si la práctica de Aikido fuera solamente practicar la forma (kata) entonces uno debería hacer una técnica correcta y el compañero tomar ukemi. Pero la forma de Aikido no siempre es suficiente. Tratando de hacer cualquier técnica puede uno encontrarse haciendo un esfuerzo excesivo. Cuando uno se ve haciendo esto, hay una oportunidad para dar un paso atrás y preguntarse qué está fallando. El problema está en ¿cómo se llevó a cabo el encuentro inicial? ¿Está uno desequilibrando correctamente al compañero? ¿Se maneja un timing y una distancia correcta? ¿Se utiliza correctamente la respiración (KoKyu RyoKu)? ¿Hay algún problema con el método en general? Uno de los objetivos más importantes del entrenamiento es tratar de darse cuenta que está uno haciendo mal y planear que hacer al respecto.

El primer paso es, por supuesto, ser capaz de reconocer (o “sentir” como suelo decir) cuando uno se topa con una limitación. Ser incapaz de reconocer cuando algo involucra excesivo esfuerzo (es decir estar tan apegado que uno no puede hacer otra cosa) es una mentalidad rígida que no es diferente del mero “esperar la muerte”, no hay evolución ni progreso.

Estoy hablando de la importancia de varios conceptos distintos como “mutabilidad” (Henka), fluir (Nagare) y evitar el esfuerzo excesivo, pero todo esto habla de algo más profundo, que es expresado en un dicho de la escuela de sable Jigen: ”No hay una segunda espada en JigenRyu”. Si mi interpretación es correcta, creo que refleja lo que considero la esencia y el objetivo máximo de mi entrenamiento, que se podría resumir con estas palabras “Sólo hay movimiento hacia adelante”.

P: ¿Qué tipo de entrenamiento siguió fuera del Dojo, y cuál piensa que sería apropiado para los instructores y para aquellos que se dedican profesionalmente al Aikido?

E: Creo que cualquier tipo de entrenamiento personal puede ser beneficioso, y en este sentido hay muchas cosas que uno puede hacer; por ejemplo: ejercicios para desarrollar la fuerza física, mejorar el contacto visual y la visión periférica, acrecentar la concentración, etc.

Una forma de entrenar la concentración es mirar por un instante un objeto o una escena y luego tratar de recordar lo que se ha observado con el mayor detalle posible.

En el libro de los Cinco Anillos dice: “fortalecer la percepción intuitiva y no la visual”. Una forma de entrenar la visión periférica es mantener los ojos fijos en un punto mientras se intenta percibir lo que sucede alrededor.

Entrenar con un compañero, por ejemplo, puede ser provechoso para investigar el estado mental necesario para desarrollar y mantener la concentración y la intuición durante el mayor tiempo posible.

Desde mi punto de vista, la mejor técnica es aquella en que no se experimenta por parte de los practicantes, sentimientos como ser derrotado o ser vencedor, sino el de un “encuentro exitoso”. Este encuentro existe incluso si sólo sucede una vez en un millón. Nuestra meta es hacer que ocurra una vez en medio millón, una vez en cien mil. Que esto ocurra dependerá de lo seriamente que una persona aborde su entrenamiento. Para mí esto es muy importante. Sentir la relación con tu compañero. Cuando determinada técnica se vuelve perfecta, sólo es perfecta en ese momento; cuando el encuentro entre uno y el compañero fue defectuoso, una técnica no puede volverse perfecta. Cuando esto sucede uno no debería evitarlo, sino aceptar la imperfección y considerar como se puede aprovechar lo que se tiene. En otras palabras tratar de lograr lo mejor de la relación.

P: Cree Ud. Que Ki No Nagare (El fluir del Ki o Técnicas Fluidas) es un elemento importante en el Aikido?

E: Si Ud. se refiere a técnicas antes de que me agarren o proyectar a mi oponente sin tocarlo, la respuesta es no, eso no es parte de mi Aikido. Cuando yo hablo de deshacerse de la fuerza no estoy solamente hablando de deslizarse suavemente en la técnica justo cuando se produce el agarre. Yo me refiero a algo que no es sólo físico, algo que tiene que ver tanto con la mente como con el espíritu, además de con el cuerpo. Los movimientos suaves no pueden ser efectivos si la mente no está tranquila o uno no la puede usar en forma efectiva.
Por ejemplo, yo digo a menudo durante la práctica que cuando el compañero agarra fuertemente lo primero que hay que hacer es concentrarse mentalmente en poner todo tu ser dentro del agarre. Cuanto más fuerte el agarre, más profundo uno entra en él. No es correcto tratar de hacer la técnica solamente con los dedos, la muñeca o el brazo. Uno debe unir el centro del compañero con el propio, una clase de interacción que de forma natural permite sentir la dirección de la fuerza y energía del compañero, 

Un practicante europeo me dijo una vez: “Todos los Shihan están siempre diciendo que no use la fuerza, pero luego parece que ellos ponen mucha fuerza en sus técnicas. Ud. es el único que hace la técnica sin usar ningún tipo de fuerza aparente". Me sentí satisfecho al escuchar esto porque confirma que mi forma de encarar el Aikido no es equivocada.

P: ¿Qué piensa del entrenamiento con la espada?

E: Bueno últimamente pienso que podría ser necesario practicar por lo menos suburi, incluso aunque uno no llegue tan lejos como a enfrentarse con un compañero.

Con respecto a mí, todavía hay algunas cosas que no entiendo del Taijutsu (técnicas con manos vacías). Aún tengo mucho que hacer en términos de mejorar mi Taijutsu y por lo tanto no me siento atraído a hacer mucho con la espada todavía, esperaré a ser un poco más viejo para hacer un poco de aikido con jo y ken (como hizo O’Sensei en los últimos años). En ese momento me gustaría comenzar a plantearme que significa enfrentarse a alguien armado.

P: ¿Cuándo comenzó a viajar al extranjero?

E: Mi primer viaje al extranjero fue cuando acompañé a Doshu en su visita al Sudeste Asiático. Tenía entonces 29 o 30 años. Comencé a viajar a Francia regularmente hace 15 o 16 años y, a Finlandia y Suecia hace como 11.

Un practicante europeo de mis clases en Honbu Dojo, me hablo hace algún tiempo de lo impresionado que estaba con mi forma de practicar. Deseaba invitarme a enseñar en su país, pero sentía que podía ser delicado ya que él practicaba allí con otro profesor. Después de pensarlo durante algún tiempo decidí que no tenía nada de malo después de todo. Hoy por hoy son cada vez más las personas que me piden seminarios. Viajar al extranjero no es siempre fácil, por supuesto, por ejemplo, la barrera del lenguaje es siempre un desafío. Tratar de comunicarte en inglés fue una prueba para mí. Durante mis visitas me encuentro bombardeado con tantas preguntas que cuando me voy a la cama, no puedo saber si estoy despierto o dormido porque el inglés da vueltas y vueltas en mi cabeza. Sé que necesito aprender más inglés, así que empecé a estudiarlo poco a poco. Disfruto viajar al extranjero, y si pudiese mejorar mi inglés, tal vez me gustaría pasar allí más tiempo.

P: ¿En el extranjero encuentra personas que intentan probarlo a Ud. y a su “perspectiva”?

E: Esa clase de cosas pasan no sólo en el extranjero sino también aquí en Japón. A las personas que quieren probarme, siempre les dejo tomar un fuerte agarre antes de hacer nada. Mis brazos no son muy grandes y no soy particularmente fuerte, además mi técnica aparentemente no usa fuerza, por lo tanto mucha gente cree que no me será posible hacer nada si me sujetan con fuerza. A menudo se sorprenden cuando notan algo diferente a lo que esperaban.

P: Algunos dicen que aikido es fundamentalmente Taijutsu (técnica de manos vacias) y que el entrenamiento con bokken y jo es una actividad complementaria que debe ser practicada sólo ocasionalmente. Por otra parte, otros sostienen que la práctica con bokken es imprescindible, ya que los movimientos de Aikido están basados en los movimientos de la espada. Mientras que algunos dojos no utilizan ken y jo en absoluto, otros ponen el acento en su práctica. Desde su punto de vista, ¿qué lugar ocupa la práctica con armas en Aikido?

E: Pienso que es importante que aquellos que tienen la posibilidad practiquen con jo y bokken regularmente, y no sólo como complemento de su técnica.

Personalmente pienso que es necesario entrenar con las armas; pero por el momento mi interés está en las técnicas de Aikido.

Cuando suelo practicar con bokken o jo, pienso en los principios de las técnicas de Aikido, y cuando practico Aikido pienso en los movimientos de bokken y jo. En este sentido, mi entrenamiento con armas es complementario.

P: ¿Cuál es el significado de una técnica como ikkyo y qué método utiliza para su desarrollo?

E: Creo que es muy importante comprender en profundidad aquellas técnicas requeridas para 5º kyu: Shomenuchiikkuyo, Shomenuchiiriminague, katatedorishihonague y suwariwazakokyuho.
Dependiendo de tu aproximación al entrenamiento, estas técnicas pueden enseñarte mucho sobre el momento de contacto (de-ai), el movimiento corporal (sabaki), deseguilibrio (kusushi), los intervalos (tanto en tiempo: hyoshi, como en distancia: ma-ai) el desarrollo del ki (energía vital o espiritual).

Sobre Ikkyo en particular, mi única recomendación es la de moverse con el sentimiento de darle la bienvenida al ataque del oponente.

P: El método de enseñanza que a menudo se utiliza en Aikido consiste en que el instructor muestre una técnica y los alumnos practiquen entre ellos. Esta forma de enseñar brinda el estudiante pocas oportunidades de aprender en forma directa del profesor. Si además, éste resulta ser principiante se encontrará completamente perdido. Muchas personas están disconformes con este tipo de entrenamiento en el que no se da lugar a las preguntas directas.
¿Cree Ud. que esto es algo que debe aceptarse como parte de la práctica o es algo que debería modificarlo?

E: En Honbu Dojo el tamaño del propio dojo y la cantidad de personas que practican hace realmente difícil escuchar explicaciones o hacer preguntas, lo único que recomiendo en estos casos es concurrir a la clase que uno está interesado y practicar lo más cerca posible del profesor.

P: ¿Qué espera para el futuro?

E: Bueno me parece que los dojos en Japón hoy en día no tienen la atmósfera que se merece el término “dojo”. Muchos son solo espacios rentados en los gimnasios públicos y en centros culturales. Desafortunadamente estos lugares no conducen al desarrollo de verdaderas relaciones “de corazón a corazón” entre el alumno y el profesor. Soy afortunado al poder entrenar con diferentes personas, y tanto aquí en Japón como en el extranjero; y el poder hablar con ellos de O’Sensei y el Aikido siempre me lleva a enfrentar mi relativa inmadurez en el arte. Es por esto que durante mucho tiempo desee para un dojo un ambiente que haga posible un entrenamiento más constante y deliberado. En el pasado mes de abril, gracias al apoyo de Doshu y otras personas, pude finalmente concretar mi dojo propio.

Estoy profundamente agradecido a Doshu por permitirme desarrollar mi Aikido en forma tan indulgente durante estos 30 años. Trato de hacer del nuevo dojo un lugar donde la gente que realmente quiere desarrollar seriamente el Aikido pueda practicar libremente.

Meditación en Acción


A continuación presento un texto que he encontrado y que describe de un modo muy aproximado el tipo de mente que se busca en la práctica de un arte marcial, en este caso el Aikido, y que igual que a mí, a otros les puede servir de referencia para iniciar una búsqueda de la misma.





La meditación en la acción es el silencio profundo de la consciencia. Es lo que en el Taoísmo se llama wu wei (no acción): hacer sin hacer. Hacemos sin hacer cuando no es nuestro "yo" el que hace. Por ejemplo: vamos por la calle y de pronto vemos a alguien que está a punto de caerse, nos lanzamos y le ayudamos para que no se caiga. Se trata de un acto impensado, espontáneo. En este caso hemos hecho, pero no ha sido nuestro "yo" personal el que ha decidido hacer eso. Ha sido la situación que nos lo ha exigido. Igual que en otro momento saltaremos para evitar un peligro, o nos apartaremos frente a un vehículo. En nosotros existe una inteligencia que nos hace vivir.
Es esta realidad profunda que se expresa a través de cada cosa que existe, por lo tanto a través de nuestro cuerpo, de nuestra inteligencia, a través de todo.

Pero, dentro de ese funcionamiento inteligentemente automático, aparece la idea de sentirnos los autores, los poseedores, los dueños de muchas de las cosas que nos ocurren en el vivir. Nos viene una idea luminosa, y de inmediato nos posesionamos de ella y decimos ¡qué inteligente que soy! ¡Qué importante que soy, que he conseguido esto! Pues bien, esta función del "yo" personal, que está actuando siempre en nuestra vida diaria, es la que debemos aprender a silenciar. Es decir, que debemos vivir muy despiertos/as muy presentes, en toda situación pero con un silencio completo de nuestra mente.

Entonces descubriremos que la vida sigue exactamente igual, que podemos seguir haciendo las mismas cosas que nos son pedidas a cada momento, por estímulos externos o internos, pero sin necesidad de atribuírnoslo a nosotros mismos, sin necesidad de juicios o comparación. Es un aprender a vivir en el silencio, en el silencio de nuestra mente,de nuestro "yo". Esta es la forma de aplicar la meditación y el silencio a nuestra vida activa. Cuando lo hacemos así descubrimos que estamos en movimiento en la medida en que hay movimiento; cuando éste deja de existir, porque se ha completado la acción, permanece en nosotros una quietud total, lúcida. Y, tanto en el movimiento como en su cese, en nosotros persiste una conciencia profunda de paz, de fuerza, de silencio, de presencia de Dios.

Es cuando nuestra mente está constantemente pensando al servicio de nuestro ego cuando no nos enteramos de nada de estas cosas. Pero cuando aprendemos a vivir presentes, con la mente en silencio, descubrimos permanentemente esta presencia detrás de todo. Y la acción no es obstáculo para vivir esta presencia, porque vivimos esta misma acción como expresión de la presencia, es un modo activo de la presencia. Esto es realmente vivir en meditación y en silencio, vivir en plenitud. El silencio y la plenitud son sinónimos, porque tanto uno como otra implican no apoyarse en aspectos, modos o formas de la realidad: La plenitud es un concepto que implica todas.

La característica de este vivir en silencio es que la acción es siempre nueva, espontánea. Porque no se apoya mecánicamente en el precedente, en la memoria. Es cuando mejor surgen las cosas, tanto las de nivel físico como las intelectuales. Los que practican judo, en sus niveles superiores, explican a veces cómo, en el momento en que viven la lucha en este estado interior, (que es el verdadero objetivo del Judo) ocurre algo totalmente inexplicable desde el punto de vista técnico: que se producen entonces las llaves y contrallaves más extraordinarias, algo totalmente irreproducible a voluntad. Es la genialidad, porque la acción está en ese momento dirigida por la inteligencia más grande y más creativa. Y esto ocurre en todos los aspectos de la vida.

Pero al mismo tiempo que hay esa extraordinaria eficacia, cuando la acción se termina, lo hace en todos los aspectos. Queda entonces en nosotros el silencio interior y el estado de meditación. La acción no deja residuo. En cada instante, cada acción es algo completo en sí misma. No nos quedamos pensando en lo que hemos hecho o lo que hemos dejado de hacer. No hay aquí ese eco de cosa inacabada, que es lo normal que ocurra en nuestro modo de vivir. Cada instante es una situación plena, completa, y lo es tanto en el momento de hacer como en el silencio o vacío que sigue a continuación.

Las palabras son muy pobres para describir este modo de vida, y cada uno/a debe descubrirlo por si mismo/a. Pero, de hecho, este es el paso más elevado que existe dentro de nuestra experiencia actual sobre los niveles de creatividad o capacidad transformante que existe en nosotros.

Crónica de un Seminario de Endo

Han pasado varios días desde que finalicé mi primer curso de aikido con el Maestro ENDO. La verdad que ha sido una experiencia inolvidable, y por supuesto única. Todavía al pensar en la experiencia vivida hace que se me ponga la piel de gallina.

El primer día de curso quedé con Guille en la entrada del polideportivo de la localidad de Armilla. Para nada me encontraba nervioso, aunque lo habían intentado y casi lo consiguen algunos musubos, entre ellos nuestro “chen”. Por casualidad, me encontré en la entrada con otros dos musubos, David y Francis, y al ver que Guille no llegaba decidí entrar con ellos.

Caminamos hasta la entrada del pabellón cubierto, hablando de temas que no recuerdo, pero conforme nos íbamos acercando al pabellón mi estado interior iba cambiando. Para nada eran nervios, no puedo describir aquella sensación, pero siendo franco, notaba como mis pulsaciones iban en aumento.

Una vez en el vestuario, mientras me cambiaba de ropa, los dos amigos musubos que me escoltaron por el camino de entrada, me comentaban anécdotas vividas en otros cursos con el Maestro ENDO, pero mi estado interior no me dejaba prestar la atención deseada, era como si tuviera los oídos taponados.

En el trayecto del vestuario al tatami, mis pulsaciones subieron un poco más, no era normal en mí, pensé que podría ser del frío que hacía en aquel congelador de pabellón.

Cuando dejé mi bolso y me coloque en seiza para entrar al tatami, mis cuádriceps quedaron engarrotados. Al incorporarme intenté estirarlos y los golpeé con mis puños disimuladamente mientras saludaba a todos los musubus que ya habían comenzado a calentar. No le di la mayor importancia, sólo quería estar preparado para cuando el Maestro ENDO comenzara la clase.

Mientras hablaba con los compañeros, vi al maestro al final del tatami, y como si de un globo se tratara mis sentidos estallaron en mi interior. No lograba entenderlo, no me miró, no se había dirigido a mí y no habíamos comenzado la práctica y creo conocer mi cuerpo como para saber que no era mi sistema nervioso, era algo que invadía todo mi ser y a lo que me enfrentaba por primera vez, o esa era mi impresión.

A los pocos segundos, minutos… no sabría contabilizar que lapso de tiempo transcurrió, mis oídos percibieron el sonido de dos palmadas y observé como los allí presentes se colocaban en seiza. Sin pensarlo, me arrodillé y coloqué mis manos en mis muslos, que parecían troncos de roble, mi rostro desprendía calor, y aunque pensé que nadie lo notaría casi llaman a urgencias al verme Francis y Elena. No entendía nada, mis piernas no respondían, mis pulsaciones subían y mi cara parecía que iba a sufrir una combustión espontánea.

Por mi flanco derecho percibí como alguien se incorporaba y con paso firme, se dirigía hasta el centro del tatami, era el Maestro ENDO. Después del saludo inicial, dio comienzo el curso y con ello la clase, un poco de calentamiento, ejercicios de respiración y de suburi. Aunque todo lo habíamos practicado antes en el dojo, no sé si por lo atrofiadas que tenía las piernas o por las deflagraciones que brotaban de mi cara, pero mí práctica no fue todo lo buena que debería haber sido.

La verdad, me habían comentado que el maestro era muy distendido y jovial en sus explicaciones, pero no lo pude creer hasta que lo vi con mis propios ojos. Fue como nuestro “chen” y los compañeros me habían contado, sus palabras, aunque en japonés, me tenían obnubilado.

La primera hora pasó bastante rápida, aunque los ejercicios de suwari waza iniciales me costaron un poco debido al estado de mis piernas, la práctica fue distendida y fluida. El Maestro caminaba por el tatami observando a los practicantes y además de corregir a los mismos también practicó directamente con ellos.

En la segunda hora de práctica, mis piernas me estaban pasando factura, pasaron de robles a pilares de hormigón, pero las ganas de practicar y el observar la intensidad y energía con la que el Maestro transmitía sus explicaciones, hizo que me olvidara de mis cuádriceps y pusiera mis cinco sentidos en intentar mejorar mi práctica.

Dieron las siete p.m. y concluyó la primera tarde de curso, volvimos a colocarnos en seiza y despedimos la clase. Me encontraba cansado pero al mismo tiempo henchido de satisfacción y a la misma vez como si flotara en un mar de nubes, mis piernas apenas las sentía, pero como dicen por mi tierra “sarna con gusto no pica”.

Mientras me quitaba la hakama, intentaba ordenar en mi mente todo lo vivido. Para otros practicantes podía ser un curso más, pero para mí fue como le dije a Luichi algo muy especial, mi respuesta literal fue “imagínate como puede estar un niño en su primera comunión, pues ahora imagínate que la hace en el vaticano y le da la comunión el Papa”, soltó una carcajada enorme, pero honesta y sincera, me miró y me dijo “pues esto es el principio, ya verás mañana”.

Terminé de doblar mi hakama, me cambié, recogí una pequeña toalla por el XV aniversario del curso y me fui a casa sin poder bajarme de la nube en la que había quedado inmerso. Ya no me acordaba ni del dolor de piernas, excepto por el hecho de tener que conducir y tener que cambiar de marcha, pero con unas ganas enormes de que comenzara el segundo día de curso.

El sábado me levanté algo tocado de las piernas aunque con unas ganas de practicar enormes, seguían como el primer día o incluso diría que más. Mientras tomaba algo de cafeína y unos cuantos hidratos, intentaba hacer que mis cuádriceps volvieran a su estado normal haciendo algunos estiramientos, tenía los músculos petrificados.

Cuando llegué al polideportivo de Armilla volví a tener las mismas palpitaciones y sensaciones del día anterior, por lo que al no ser desconocidas para mí, pude controlarlas algo mejor. Coincidí en el vestuario con David y Mario, comentamos la clase del viernes tarde y nos dirigimos al tatami.

Mientras saludaba al resto de compañeros, continuaba con mi reto personal de doblegar mis cuádriceps e intentar que llegaran lo mejor posible al inicio de la clase. Aunque puse todo mi empeño en ello, golpeándolos y estirándolos con énfasis, fue como si les hubiera hecho cosquillas.

De nuevo, el retumbo de dos palmadas hizo que los allí presentes nos colocáramos en seiza. Silencio profundo en todo el pabellón, cerré los ojos y escuché mis propios latidos como rompían su cadencia habitual subiendo sin previo aviso. Respiré profunda y pausadamente mientras realizamos el saludo inicial y dimos comienzo a la segunda clase. Un poco de calentamiento, respiración y el Maestro ENDO comenzó con sus explicaciones, recordando un poco lo que vimos en el día anterior.

Empezamos con los ejercicios de suburi. Mis sensaciones mejoraron con respecto a la primera tarde de curso y aunque mis piernas no me acompañaban, mis ganas contrarrestaban ese hándicap. Durante la práctica coincidí con aikidokas de otros dojos, una experiencia diferente, pero gratificante.

La primera hora de la mañana fue pasando, entre explicaciones del Maestro Endo y práctica, hasta que llegó mi técnica preferida, Irime Nage. Observar al maestro como ejecutaba la técnica de Katate Dori-Irimi Nage era impresionante, lo fácil que lo hacía con cualquier tipo de uke, ya fuera alto, corpulento,… daba igual, todos parecían simples marionetas en sus manos.

Practiqué junto a Wilfred, dura e intensa experiencia. Pasados unos minutos desde el inicio de la técnica, El Maestro ENDO propuso 5 minutos de descanso a lo que todo el mundo accedió de buena gana. Pero Wilfred se quedó con ganas de más y los dos continuamos practicando durante el descanso en una esquina del tatami.

El Maestro se acercó hasta nosotros sin que me percatara de su presencia, nos miró, sonrió y corrigió mi forma de ejecutar la técnica. Extendió su brazo y me ofreció su mano, la primera técnica que hacía de uke del Maestro. Cogí su muñeca y cuando me quise dar cuenta estaba en el tatami. Me incorporé y volví a cogerlo por la muñeca, me preguntó “¿Ok?”, cuando le contesté ya volvía a estar en el tatami. A continuación practicó con Wilfred, y una vez concluyó se retiró moviendo los brazos y con esa sonrisa tan peculiar en su rostro. La verdad me quedé sin palabras, mis piernas parecían más ligeras, era como si parte de esa energía que me estaba bloqueando hubiera desaparecido.

El Maestro dio por concluidos los 5 minutos de descanso y continuamos con los ejercicios, pero siendo sincero mi cuerpo estaba en el tatami pero mi mente seguía en un bucle, recordando el momento vivido con el Maestro.

Sobre las trece horas despedimos la clase, mientras permanecía en seiza seguía inmerso en el único pensamiento que abordaba mi mente. Recuerdo que comencé a desanudar mi hakama rodeado de practicantes, pero a la vez me sentía solo conmigo mismo, fue algo fantástico el poder “llevarme” aquel momento con el Maestro ENDO. En realidad fueron segundos o incluso un solo minuto en contacto directo con él, pero para mí fue una eternidad, para nada recordaba si había hecho bien o mal la técnica que propuso, solo recordaba el contacto con sus muñecas y la energía que me transmitió.

En las horas de descanso que hubo hasta la sesión de la tarde, seguía pensando en aquella experiencia, y me sentía afortunado de haber podido practicar con el Maestro. Ahora entiendo a Elena cuando acabada la clase del viernes tarde me preguntó “¿has tocado al Maestro?”.

Llegadas las cuatro y media ya me encontraba pasando el control de entrando al pabellón. Saludé a los compañeros allí presentes y me dirigí con rapidez a cambiarme al vestuario. Seguía pensado en lo que me había llevado aquella mañana, sin pensar en lo que aún me esperaba.

Entré al tatami y me centré en poner en orden las fibras musculares de mis muslos. La sensación vivida la primera tarde de curso seguía viva en mi interior, pero ya me era tan familiar que podía disfrutar de ella sin ningún tipo de reparo.

Comenzamos la clase y la práctica, ejercicios de Shomen, Yokomen y Gyaku Yokomen. Intenté serenar mi mente y centrarme en la correcta ejecución de los ataques y tener presente mi centro. Continuó la práctica con otros aikidokas, hasta que llegada la técnica de Shomenuchi-Ikkyo y coincido con Rafa (“falito”). La verdad que su ataque era con ganas y sincero, por lo que más que de centro tiré de brazos, mal por mi parte.

Y llegó el segundo momento del curso, el Maestro ENDO apareció de repente y detuvo nuestra práctica y con energía y algo de enfado repitió el gesto que estaba realizando al hacer Ikkyo. Sólo con ver sus gestos y sus movimientos me percaté que estaba metiendo fuerza y no centro en mi práctica. Señaló a Rafa y éste le lanzó un par de Shomen, y sin nada de fuerza lo lanzó al tatami. Conmigo paso ídem de lo mismo.

El Maestro se alejó de nuestra zona y el compañero Rafa y yo continuamos con la práctica. Estaba contento por haber podido tocar de nuevo al Maestro, pero a la vez me sentía un poco frustrado por haberme dejado llevar por mi fuerza y no por lo que el Maestro llevaba explicando y recordándonos desde el inicio del curso “CENTRO”.

De repente, llegó el momento culmen del curso. El Maestro detuvo la práctica y todos nos colocamos en seiza, formando un círculo alrededor de él para atender a sus explicaciones. La verdad, había varios aikidokas delante mía y entre el centro donde se encontraba el Maestro y donde estaba yo podría haber unos 10 metros de distancia. Todavía no me explico como, pero comenzó a buscar con la mirada y al contactar con la mía sabía que era el elegido. Aquello fue como cuando se rompe una presa o estalla un geiser, todo mi interior se inundó de una gran emoción, alegría y responsabilidad. Me incorporé tan rápido como pude y me coloqué frente a él.

Quería pero no podía atender a las palabras que traducía el sensei Pepe Jesús, mi mente y todos mis sentidos estaban centrados en el Maestro, la sensación fue como si todo el mundo desapareciera a mi alrededor.

Lancé mi primer Shomenuchi con todo mi ser, pero conforme mi brazo iba acercándose al Maestro mi percepción era que perdía velocidad antes de incluso haberme tocado, cuando sus manos tocaron mi brazo solo percibí vacío y como rápidamente era proyectado hacía el tatami a la vez que escuchaba al Maestro decirme en inglés “Soft”. Me incorporé rápidamente y me preparé para lanzar otro golpe, al hacerlo el Maestro detuvo mi brazo como si nada y en vez de proyectarme cogió mi brazo he intentó girarlo pero mediante la fuerza, explicando lo que anteriormente me había corregido.

Volví a lanzar un par de shomenuchis al Maestro y sentí lo mismo que al principio, una retención en la velocidad de mi golpe, un gran vacío al impactar con sus manos y sin más verme proyectado en el tatami.

Una vez terminó, saludé al Maestro y me retiré del centro rápidamente. Concluida la explicación, se dieron 5 minutos de descanso, varios compañeros musbos se acercaron a preguntarme que había sentido, no pude apenas comentarles nada pero creo que mi cara lo decía todo.

Continuamos la práctica con Ryotedori Tenchinage y Ryotedori Ikkyo, Después de practicar con el Maestro me sentí muy confiado en mi práctica y para nada percibía el problema de las piernas, fue una sensación fantástica. Nuevamente practiqué en dos corros con el Maestro, fue el colofón a un día inolvidable.

Dieron las 19 horas la tarde de curso terminó por ese día, todavía quedaba la mañana del Domingo para poder seguir disfrutando. Mientras doblaba mi hakama algunos compañeros me preguntaron que tal la experiencia y la verdad me quede sin palabras, me decanté por asimilarla y revivirla en mi cabeza.

Una vez me cambié, subí las gradas como un niño que acaba de recibir su regalo de cumpleaños. Al llegar a la salida me encontré con nuestro “chen”, me preguntó que tal me había ido y me comentó que le había dicho al Maestro ENDO que en el dojo me decía “Hulk”, no recuerdo en verdad que respondí pero si que lo abracé con toda mi alma, quise agradecerle todo lo que había vivido gracias a él, a los compañeros del dojo y al aikido.

Esa noche no dormí todo lo que hubiera deseado, necesitaba ordenar en mi cabeza la tarde que había vivido y experimentado y la “borrachera” de aikido recibida.

La mañana de domingo llegó, y con ella el curso tocaba a su fin, por lo menos para mí, ya que el curso continuaba dos días más para los Yudansha.

Llegué al pabellón algo cansado pero con las pilas cargadas para aprovechar aquella última mañana de curso. La clase se me pasó en un abrir y cerrar de ojos, no se si por lo a gusto que me encontré durante la práctica con los compañeros, que también influyó, o por la nube en la que seguía sumergido después de la experiencia vivida en la tarde del sábado.

Sobre la una de la tarde finalizamos la práctica, nos colocamos en seiza y el Maestro ENDO se colocó delante del Kamiza para hacer la entrega de diplomas a los diferentes grados Yudansha. Concluida la ceremonia de entrega de diplomas, despedimos la clase y con ello finalizó el curso para mí. Felicité a todos los compañeros del dojo que habían sido diplomados y nos hicimos unas fotografías para el recuerdo.

Me despedí de los compañeros y abandoné aquel pabellón donde había experimentado uno de los sucesos más asombrosas de mi vida, algo que no esperaba ni por asomo, y no me refiero sólo a la práctica sino a la experiencia mística.

Por eso he dedicado unos instantes a reflexionar y plasmar un pequeño resumen de todo lo vivido, algo que me ha quedado grabado en lo más profundo de mí ser.

Agradecer a nuestro Maestro Luis el haberme dado la oportunidad de haber podido vivir esta gran experiencia, primero por aceptarme como alumno, por transmitir y hacernos sentir el Arte del Aikido como lo hace cada día en sus clases y por ser un Gran Maestro y mejor persona. Además de a todos los que formáis la familia “musubi” y que gracias a vuestra práctica y paciencia con éste que suscribe he podido adquirir los conocimientos mínimos para poder disfrutar de este curso. Y por supuesto al gran Maestro Endo Seishiro, por visitar nuestra tierra y obsequiarnos con su sabiduría.

Autor: Jose Jiménez












































































Entrevista a Luis Mochón

Pregunta.- ¿Me podría definir lo que es el Aikido?

Respuesta.- Es una forma de armonizar y de integrar los conflictos. Si hay un conflicto, en vez de chocar entre los dos podemos conseguir unirnos y de ahí, sacar algo creativo. Es decir, lo interesante cuando a mi me atacan no es que yo pueda evitar que me hagan daño, sino que también evite hacerle daño al otro y que yo controle el miedo en mi.

P.- ¿En qué consiste esta técnica?

R.- En la práctica existen dos roles, uno defiende y el otro ataca. Pero realmente no se ve al otro como un enemigo sino que el que ataca, utiliza una técnica marcial como un ataque, un agarre o un golpe pero las herramientas marciales son herramientas para trabajar nuestro interior. Cuando recibes ese ataque hay que intentar armonizar con él, cambiar con él, adaptarte con el ataque. En este proceso de adaptación, lo que consigues es que el otro se desequilibre, que acabe incluso inmovilizado en el suelo pero sin la necesidad de hacerle daño. Su planteamiento es no ver al otro como el enemigo sino ver al enemigo dentro e intentar vencerlo.

P.- ¿Qué se trabaja con esta práctica?

R.- Se trabaja mente, cuerpo y espíritu. El cuerpo se entrena para estar cada día más flexible, más relajado ante una situación extrema y el cuerpo intenta adaptarse a los cambios. La mente igual intentamos enfocar y parar la mente y lo que hacemos es crear una mente flexible para adaptarnos mejor a los cambios. El Aikido es una forma de armonizar y de integrar los conflictos.

P.- ¿Qué beneficios puede tener la práctica de este arte marcial para una persona?

R.-Controlar el miedo, la tensión, la agresividad, concentrar la mente en escuchar el ataque del otro. En el Aikido lo que buscamos es que se sepa enfocar la mente a un estado en el que no veamos al otro como el enemigo sino que sepamos escuchar su fuerza, sentir su intención… y eso lo estas transformando en algo creativo, en algo pacifico en algo que no duele, en algo que es incluso estético. Al estar entrenando tu mente todos los días hace que eso malo que te está pasando, lo acepte, de manera que podamos adaptarnos mejor al cambio, en ese momento te cambia el mundo.

P.- Si el Aikido es un arte en el que no existe la violencia, ¿puede ser aplicable como defensa personal en una agresión física?

R.- Sí, sin lugar a dudas. De hecho es un trabajo de defensa personal. Para mí y para el maestro Endo sensei, a quien sigo, el aikido lo que busca es la contemplación en la acción, busca que en ese proceso de defensa personal lo importante no es el resultado, lo importante es cómo está el cuerpo y la mente de las dos personas que se enfrentan. Consiste en acabar con la agresión sin dañar al agresor, con el que se pretende no usar la violencia, ni el exceso físico. La meta sería conseguir que el agresor acabará entendiendo lo equivocado de su acción.

P.- El maestro Morihei Ueshiba, fundador del Aikido, decía que cuerpo y mente deben estar encaminados como uno, unificados con la actividad del universo. ¿Qué quiere decir esta frase? ¿Qué significa para usted?

R.- Esa es la conciencia de la unidad. Cuando tu desarrollas una conciencia unificada en ese momento desaparecen los enemigos en el mundo porque todo esta unificado en el Universo. Ya no hay enemigos, lo único que existe son comportamientos equivocados por eso hay que corregirlos, pero la forma de corregirlos no es con la violencia. La idea del Aikido es convencer al otro de que su comportamiento está mal, es equivocado, eso es lo que significa esta frase.

Consiste en acabar con la agresión sin dañar al agresor, con lo que se pretende no usar la violencia

P.- ¿Qué ha supuesto para usted practicar Aikido en tu vida diaria? ¿Ha experimentado algún cambio?

R.- Es algo que te transforma desde dentro, tanto que llega un momento en que lo necesitas. Lo primero que te trae es serenidad. Lo más importante del Aikido es que te ayuda a encontrar equilibrio, te ayuda a ser consciente de tus emociones, de donde vienen esas emociones, y al producirse eso tu vida cambia y te vuelves mucho más sereno y flexible. Si consigues eso realmente la vida es distinta, todo cambia. A mí, sobretodo, me ha dado mucha serenidad y equilibrio.

P.-¿Cuál es el perfil de sus alumnos?

R.-No es un perfil uniforme. Tengo alumnos que se dedican al mundo de la seguridad como policías o militares, que en un principio buscaban la defensa personal pero que, hoy día, buscan estar equilibrados y emocionalmente serenos, que es la base de una buena defensa personal también. Luego, también hay personas que buscan mejorar su autoestima y otras que no saben lo que buscan pero cuando entran en el Aikido contactan con el problema que tienen y les ayuda a superarlo. Los problemas pueden ser miedos físicos y emocionales, o falta de control, y el Aikido es como una especie de bálsamo para las heridas. También hay mujeres maltratadas que vienen a recibir clase pero no porque yo les pueda a enseñar a defenderse mucho sino porque yo les puedo introducir en un entorno de mucho equilibrio y les puedo ayudar a combatir su miedo. Con mis alumnos formamos una gran familia. Cuando llega alguien a la escuela les digo siempre el Aikido va a cambiar tu vida

P.-¿Qué quieres conseguir con la práctica del Aikido?

R.-Yo quiero cambiar el mundo, yo busco que cambie, está claro que esto no funciona. Para ello hay cambiar la sociedad y cada persona tiene que cambiar por dentro. Entonces yo creo que si a cada persona que va a mi dojo los conecto con su interior, van a cambiar lo que le rodea. Hay que poner el reino del espíritu en la tierra como decía el fundador, Moriehi Ueshiba. Con la práctica del Aikido desarrollaremos una conciencia más cooperativa, creativa y unificada que generara paz y armonía.

P.- A su juicio, ¿qué es conseguir el éxito en la vida?

R.- Tener éxito en la vida, para mí, seria todo lo contrario a lo que nuestra sociedad considera éxito. Es volvernos conscientes de la misión que tenemos en la vida, entonces seremos felices y, para mí, ser feliz es conseguir el éxito. Cuando encuentras el sentido de tu vida en ese momento puedes enfocar tu camino en una dirección y cuando lo enfocas eres feliz pero por supuesto esa felicidad es algo que no se puede encontrar fuera, que, para mí, está dentro de cada persona. Yo soy muy feliz porque creo que cada vez soy más consciente de qué es lo que hago aquí y tengo claro que estoy aquí para aprender, por eso todo me sirve y puedo aceptarlo de una forma serena.

P.- En una de sus conferencias, dijo que controlando la mente podíamos conseguir lo que queramos...

R.- Es algo casi científico. Está demostrado que cuando una persona utiliza bien su mente y controla sus pensamientos y se hace un esfuerzo por generar pensamientos positivos, la mente los genera y generalmente el mundo cambia a tu alrededor. Eso pasa porque todo lo formamos con el poder de nuestra mente. Las cosas no cambian tanto si eres capaz de aceptar una mala noticia al igual que una buena, si es así, tu felicidad es permanente. En función de cómo tú controles esa reacción mental, tú puedes conseguir lo que quieras.

P.- Entonces ¿cree que a los políticos les vendría bien realizar esta práctica?

R.- Yo creo que en España y en el mundo, en general, tenemos un problema muy serio con los políticos. Están muy alejados del mundo del Aikido. Es una cuestión de poder y mientras la política se base en eso no van a cambiar los políticos. Si la política se basara en administrar los recursos que tenemos para ser felices y para que haya para todos entonces la situación sería distinta pero eso es imposible en los políticos de hoy día. Ellos lo único que hacen es ponerse en una situación superior, son los que dominan al pueblo, por eso vivimos en un mundo que para vivir nosotros pisoteamos al tercer mundo. Pero a un político no le conviene pensar en estas cosas. Si desarrollaran una mayor conciencia espiritual, todo cambiaría pero eso es imposible porque eso es anti-poder, han establecido el régimen egoísta. Realmente creo que vivimos en territorio enemigo y hay que luchar porque eso cambie, sino esto no tiene solución.


“Si conectamos con nuestra esencia espiritual y conseguimos transmitirla al exterior, el mundo cambia”

Entrevista a Luis F. Mochón, mi maestro de Aikido
Viernes, 25/11/11
Granada Digital

ALGUNAS BONDADES DEL AIKIDO

Hace ya, y a la vez hace solo seis años que comencé la práctica de esta disciplina marcial, y no ha pasado un solo día que me alegre de haber elegido la misma, pues la elegí por una serie de valores y principios que encontraba en ella que se compartían con los que yo deseaba poseer en mí vida.

Pero poco a poco fui descubriendo que en realidad con lo que yo había sintonizado con esta práctica marcial solo era la punta del iceberg dentro de las posibilidades que poseía la misma dentro de mi evolución como persona.

Al comienzo la mayor relevancia la adquiría el apartado del físico, encontré una actividad física que me permitía mejorar mi condición física, adquirir un mejor conocimiento y control de mi cuerpo, así como desarrollar plenamente sus capacidades, consiguiendo de este modo fulminar el miedo adquirido a lo largo de los años de encontrarme en un estado de debilidad, tanto física como anímica, y para colmo me lo proporcionaba una actividad que a la vez me hacía disfrutar plenamente de cada uno de sus momentos, sin necesidad de sufrir con el aprendizaje ni de monotonía, de aburrimiento, de un cansancio extenuante, u otras formas de sufrimiento, compartiendo con mis compañeros de práctica mi evolución y mi aprendizaje.

Una vez adquirido un nivel mínimo de conocimiento físico es cuando se produjo un cambio en mí, esta vez ya no era suficiente con la mejora de mi condición física, o con la adquisición de más conocimientos técnicos y sus aplicaciones para mi vida real. Fue en este momento cuando mi salto en la práctica me llevó a preguntarme sobre mi estado mental, mi afrontamiento del conflicto como lo enfocaba, que ocurría en mí cuando no conseguía superar los obstáculos de mi proceso de aprendizaje. Aquí se produjo un momento de inflexión donde yo debía decidir si continuar aumentando mis conocimientos o decidir si utilizar los que poseía para cambiar algo más dentro de mí, para dar un paso más y cambiar como utilizarlos.

Comencé una observación minuciosa de qué iba ocurriendo en mí, pude observar como ante determinadas situaciones los procesos mentales que se generaban en mí y las reacciones que asumía ante las mismas eran similares y comencé a indagar como cambiar las mismas, inicié un proceso de búsqueda de cómo cambiarlas, de que las originaba, de donde nacían y si en mi vida diaria o pasada se habían producido o se estaban reproduciendo de manera similar.

Y para mi sorpresa me di cuenta de que no era suficiente con centrarme en mis procesos mentales para dar ese paso, se hacía necesario llegar más allá, profundizar un poco más en mi ser y averiguar que generaba los procesos mentales que, o bien facilitaban mi progreso o bien lo ralentizaban. En este proceso de introspección, es donde descubrí el efecto de las emociones que generaba en la práctica, me di cuenta que no solo los procesos mentales estaban relacionados con mi evolución, sino que estos estaban directamente asociados a las emociones que hacían que apareciesen unos u otros.

Las emociones entraban en un juego a tres, físico, mental y emocional se unificaban para avanzar juntos en un camino en el que me encuentro inmerso y que cada día de práctica me descubre algo nuevo. Es fascinante como al tomar conciencia de estos tres elementos la práctica se enriquece hasta límites insospechados, es emocionante como una sola técnica de Aikido puede proporcionar multitud de elementos a trabajar con uno mismo, y precisamente el hecho que un gran maestro como es Endo Sensei nos plantee en su XV Seminario en Granada que lo más importante en la práctica es observar en que estado interno nos encontramos cuando estamos practicando, confirma mi proceso de evolución y me reafirma en la multitud de Bondades que posee el Aikido.

Por supuesto, son multitud las emociones que podemos generar, según los estudios realizados de las mismas, las más básicas y que poseen relevancia con nuestra práctica serían; alegría-tristeza, miedo-seguridad, ira o rabia-serenidad, sorpresa. Todas ellas en origen tenían la función de permitir nuestra supervivencia en el planeta, nos permitían sobrevivir en un entorno donde eran necesarias, pues una serie de elementos externos (depredadores, miembros de otras tribus…) influían en dicha supervivencia.

Sin embargo los elementos que actualmente las generan son internos, el miedo a dejar de existir como entes individuales, o mejor dicho el supuesto miedo, nos lleva a activar emociones que lo que consiguen es el efecto contrario, un efecto nocivo para nuestro progreso como especie, donde entender el individualismo como premisa nos aísla de los demás, y no permite que avancemos, pues nos encontramos en un galeón navegando solos, en lugar de navegar con otros, y provocamos que poco a poco los demás vayan saltando por la borda y viajando en otro barco juntos, pero separados de nosotros.

Este barco nos pretende llevar al mismo lugar a todos, este lugar es la Felicidad, pero no somos conscientes de que en realidad, al comportarnos de un modo individualista, generamos emociones internas y nos apoyamos en que los demás las han generado, sin reflexionar un poco, para darnos cuenta que los demás no tienen poder sobre nosotros y nuestras emociones si nosotros no se lo damos, y que en realidad las emociones las generamos nosotros al activar mecanismos internos, que no puede activar nadie salvo nosotros, y que los demás lo único que hacen es ser catalizadores para que nosotros las activemos, si no reflexionamos sobre ello, cualquier cosa que hagamos Aikido, Fútbol, Meditación, Yoga, Tai-chi, Natación, Pintura, Danza, Escritura… nos llevará al Éxito, pero no a la FELICIDAD, pues ambos son conceptos que pueden darse unidos pero que no necesariamente conllevan el uno al otro, aunque si puedan hacerlo.

 

Conversarion entre O Sensei y Saotome


________________________________________



Texto extraido de: AIKIDO: o la armonia de la naturaleza.

( Conversarion entre O Sensei y su Uchi Deshi )

________________________________________


Decidí leer El libro de los cinco anillos, de Musashi Miyamoto. Apenas había comenzado cuando la voz de O Sensei interrumpió mi lectura, "¿Estas allí Saotome ?". Y entro. "Ah, veo que lees El libro de los cinco anillos. Con la obra de Confucio sobre la estrategia militar, es sin duda el libro mas leído por los militares, los políticos y los hombres de negocios. Supongo que también habrás leído el otro. Presta atención, Saotome. Leer no significa comprender".

Sin quitar la vista del libro y conteniendo un suspiro de resignación respondí. "Sí Sensei. Recordare su consejo". O Sensei, como era su costumbre continuó. "Es loable seguir estudios literarios, pero no pierdas el verdadero objetivo de tu entrenamiento. Pregúntate que es el do del Aiki. Es el Budo que rehusa tener enemigos. Es el do victorioso que no vierte ni una sola gota de sangre, que pone fin a los conflictos antes de que estallen".

"El Aikido no es la vía de la debilidad y la huida pues el Budo pertenecen a quien están armados de fuerza y voluntad. La vía debe conducir a un mundo de interés y respeto mutuos". Después de una pausa breve. O Sensei me pregunto si me importaba masajearle el hombro. En este momento, me sentia contento de su visita, de verlo de tan buen humor y entonces, empece a hacerle un masaje shiatsu. "Saotome, no te sirvas de la fuerza física. No siento pasar el ki a través de tus dedos, tu masaje es rígido, sin vida. Espera, para un momento, trata de fundirte con el ki del Universo y concéntralo en tus manos". Sin llegar a comprender lo que me explicaba, procure seguir lo mejor posible sus consejos, apretando con todas mis fuerzas. Pero, el se rió y dejo que su cuerpo de fuese para atrás, contra mis manos. Y yo no podía sostenerlo. Enderezándose de repente, dijo: "Escucha bien, Saotome. No es leyendo libros como mejoraras tu carácter y encontraras la sabiduría. La sabiduría solo puede sobrevenir de la experiencia. Tu cuerpo y tu mente deben impregnarse del universo y la naturaleza que te rodean. Tu alma debe reflejar esta sensación, te apartaras así de toda visión corrompida y deformada". Su voz, sus palabras, llenas de promesas de la revelación me dejaban sin aliento. Buscando un sentido oculto en cada palabra, mi mente estaba absolutamente unida a su voz. "Ah", dijo, "no te disperses, tu mente acaba de abandonar tus manos. Mis palabras te han distraído y el ki se ha ido de tus dedos".

Incluso al hablar de la sabiduría de la experiencia, O Sensei me había demostrado que las palabras pueden fácilmente convertirse en fuente de turbación y distracción. Me enseño que perdiendo la concentración podía descubrir su poder y empece a comprender que la practica de Aikido no debía limitarse al entrenamiento en el dojo. O Sensei agrego: "Conocer un movimiento de Aikido es solo el primer paso. Sin acción, este conocimiento carece de sentido, si un criminal lee la obra de Musashi, al interpretarla con su mentalidad criminal conocimiento destructivo del El libro de los cinco anillos. Del mismo modo, un lector inadvertido puede deformar el libro de Confucio y sacar conclusiones perjudiciales. Sin pureza de alma no puede accederse a la verdadera vía del sable. ¿ Puedes ver la relación?". Al fin, todo me parecía claro y asentí.

"Agatsu significa la victoria sobre uno mismo a través de la pureza del alma. Masagatsu es la victoria justa, la buena vía. Katsu bayabi es el despertar espiritual fuera del tiempo y el espacio. La asociación de estas expresiones constituye la base del shugyo. Sin esta sabiduría no hay posibilidades de desarrollo." Escuchando sus palabras, empece a darme cuenta de la magnitud y la responsabilidad del entrenamiento del Budo.

"Debo advertirte. Saotome. Muy desgraciado es quien nunca conoció la derrota. Sin conocer la otra cara de la victoria, no queda mas que esperar la derrota ante un adversario de mayor fuerza. La embriaguez que provoca las victorias continuas puede resultar peligrosa. No permite conocer los propios limites, cuanto más se pospone la derrota más devastadores serán sus consecuencias el día que se presente". "A propósito, Saotome. ¿ Cómo es el libro ? ¿ Lo encuentras interesante ?.

"Sí Sensei. Aunque creo comprender el conjunto, tengo muchos problemas para entender el sentido profundo."

"Es normal. La teoría solo basta para permitir la comprension de bujutsu. Tu propio Shugyo. No puede cumplirse sino a través de sus experiencias. A propósito de Musashi ¿ conoces esta historia ? Musashi residía en un lugar llamado Kogura, en Kuyshu. Cierto día, mientras esperaba la hora de cenar, un maestro de sable a quien desconocía se le acerco para pedirle consejos técnicos. Después de una conversación breve, Musashi juzgo que el desconocido era un hombre experimentado y le manifestó su respeto. Considerando que merecía plenamente dicho cumplidos, el desconocido le enseño su sable y se vanaglorio de sus numerosas victorias. ¡ Que imbécil !, penso Musashi. Con semejante actitud, ¿ cómo podía creer que iba a sobrevivir ?.

Musashi pidió, entonces un Bol. de arroz. Cogió un grano y lo pego a un pelo de su sirviente, justo por encima de la frente. 'Mira bien', exclamo Musashi Y con la rapidez de un rayo, desenvaino el sable y corte el grano de arroz en dos partes iguales sin tocar el pelo del criado. ¿ Puedes hacer lo mismo ?, pregunto al desconocido. El extranjero, impresionado por lo que había visto, retrocedió un poco separándose de aquel sable increíble y se deshizo en excusas, repitiendo que su talento era muy inferior a lo que acaba de presenciar. Tras guardar el sable Musashi dijo: ' Ni siquiera quien tiene talento puede estar seguro de salir airoso y entero de un Shiai (duelo). Un verdadero artista marcial jamas buscaría abiertamente un desafío. Ante un reto, uno ha de tratar de abandonar el lugar de Shiai sin pelear'. El extranjero se excuso por su ignorancia y le dio las gracias por la valiosa lección recibida".

O Sensei hizo una pausa antes de continuar: "Creo que la razón por la que Musashi resistió tanto tiempo a la muerte y sobrevivió a tantas pruebas radica en el hecho de que no solo sabia ganar, sino también evitar el combate. Al rehusar el reto, admitía la derrota. Atribuyo buen numero de sus victorias a la suerte. Conocía sus limites. Había estado en ambos lados de la barrera. La única manera de protegerse es enfrentando al miedo y a la muerte.

" Para conquistar al enemigo has de conquistarte a ti mismo. Esta es la enseñanza del Taoísmo. El verdadero vencedor es el que se aparta de todo conflicto y evita el derramamiento de sangre sea de un lado o del otro. Ya sabes que en cierta ocasión recibí las amonestaciones del kami, dijo con complacencia O Sensei. 'Ese fue el momento mas terrorifico de mi vida' ¿ qué es lo que más temes ?." " Muchas cosas, Sensei" "Eso esta bien. El día que dejes de temer o sentirte débil será el fin de tu destino".






















El Aikido y la Plegaria por la Paz en el Mundo



Texto de "Hibiki" por Masahisa Goi Sensei

Las artes marciales parecen haber sido creadas para la guerra y para la lucha.

Está claro, sin embargo, que después que el Aikido del maestro Morihei Ueshiba se propagó por el mundo, este arte ha pasado a ser una forma de perfeccionamiento que conduce hacia la armonía absoluta.

Después de haber encontrado a Morihei Ueshiba, y de fundirme con él en el mismo corazón, podemos decir que el Aikido y la Plegaria por la Paz en el Mundo comparten el mismo origen, si bien lo manifiestan de formas diferentes.

Al observar las técnicas de Aikido, comprendemos claramente que el vacío, enfrentado a la realidad, entra dentro del proceso de la disolución de las formas. Dichas técnicas manifiestan el principio que proclama que, frente a la luz, las tinieblas no existen y que en el interior de las formas armoniosas lo discordante no puede existir.

El Aikido no nace de una concepción en la que el mundo es considerado una relación de fuerza de la Gran Armonía que sobrepasa a aquella fuerza relativa de las armas y la violencia. Como el equilibrio de estas fuerzas relativas pertenece al mundo de las vibraciones kármicas, inevitablemente llegará el momento en que dicho equilibrio sufrirá una ruptura.

La fuerza que posee el Aikido no es relativa porque se trata de la fuerza-luz que proviene del mundo de la Gran Armonía. Las acciones que se originan en pensamientos kármicos no armoniosos se disuelven al enfrentarse a esta fuerza-luz, por lo que respecta a las formas, esta fuerza no hace más que despojar de su fuerza al karma agresivo del oponente.

Este Camino del Aikido es un principio en sí mismo, basado en el mismo principio en el que se basa la Plegaria por la Paz en el Mundo, que sin que lo notemos va disolviendo las enfermedades, el infortunio y las contrariedades existentes, para así conducirnos por el camino de alegría y el bienestar. Es decir, que es el aspecto de Dios Unico Original, de la concentración de la Gran Armonía, que este mundo no tiene existencia propia y que las formas que uno observa como discordantes e incompletas no son más que los pensamientos y las acciones provenientes de mundos pasados en su fase de disolución actual.

Entonces, antes de desanimarse o dudar, es preferible aceptar este principio de disolución de las formas y franquear el Camino del Aikido o llevar una vida basada en la Plegaria por la Paz en el Mundo, ya que así se logrará la certeza de que este mundo se transformará en el Reino de Dios, en el mundo Divino.

Yo creo que la Plegaria y el Aikido se semejan por el hecho de que ambos permiten que el yo viva constantemente unido a Dios aunque los otros se comporten con violencia, y pueda revelar la armonía absoluta y la luz sin enemigos. Yo creo fervientemente que a través de estos caminos puede establecerse la Paz en el Mundo".