Un año más, nos hemos reunido en un entorno privilegiado para disfrutar de una práctica igualmente excepcional. Lo hemos hecho guiados por un sensei lleno de ideas, conceptos y sabiduría que compartir, y rodeados de compañeros y compañeras cuya calidad humana y marcial alcanza un nivel verdaderamente extraordinario.
Es viernes por la tarde y la gente comienza a llegar al pabellón. Al verlos entrar, vuelvo a emocionarme como aquel primer día en que organicé un seminario de aikido. Me embriagan el entusiasmo, la ilusión y el deseo de compartir con todos ellos ese aikido que llevamos dentro.
El olor a incienso, el tatami jaspeado, la luz tenue y las fotografías de Matti Sensei y O’Sensei nos recuerdan dónde estamos. Entramos en nuestro templo, en ese lugar donde, una vez más, podremos reencontrarnos con nosotros mismos desde la quietud, el silencio y la entrega a la Vía.
Comienza la primera sesión del curso de Luis Mochón Sensei.
Regresan conceptos que no nos resultan ajenos, porque ya los hemos escuchado antes en él, pero que ahora resuenan en nuestro interior con más intensidad que nunca: yamabiko no michi, lazy space, centro y ki-musubi, extensión del ki, del cuerpo a la mano, paz, vacío, marea corporal, mushin y presencia.
Todo parece tan obvio y sencillo… Aunque no sea simple ni fácil para nuestra mente habitual. Es algo a lo que todos deseamos acceder, pero que, de algún modo, hemos desaprendido a encontrar y, sobre todo, a mantener.
“Encuentra el “lazy space” y, una vez en ese lugar, todo ocurre solo.”
“Trabajamos del cuerpo a la mano.”
Luis Sensei nos recuerda que no debemos moralizar el aikido. No practicamos de este modo para revestir la técnica de un determinado discurso, ni porque es mejor que otra manera de hacerlo, sino para acostumbrar al cuerpo a trabajar de una manera concreta. Llegará un momento en que el cuerpo habrá aprendido a trabajar así, sin que tengamos que dirigir nuestra atención hacia ello.
En nuestra práctica se habla de la búsquedad de la paz, y es entonces cuando surge una pregunta:
¿Qué es la paz? ¿Qué significa la paz para cada uno de nosotros?
En esta pregunta podemos encontrar la respuesta a cómo debemos practicar. Luis Sensei plantea que no basta únicamente con no querer dañar a los demás, pues entiende que la mayoría de nosotros ya comparte ese sentimiento. Nos invita a llegar más lejos: a practicar con la paz en nuestros corazones, manteniendo un sentimiento verdadero de paz en nuestro interior.
Para alcanzar ese estado de paz, cuando practicamos la sensación que debemos buscar es la de generar un vacío en uke. Es posible trabajar sin provocar esa sensación, pero la propuesta consiste en desarrollar una práctica que nazca precisamente de ese vacío, pues es la que nos llevará a encontrar ese lugar donde podemos conservar la paz interior. Cuando aparece ese lugar, a tori le queda la impresión de que uke cae por sí solo. Eso es lo que Luis Sensei nos invita a encontrar.
Durante todo el fin de semana también ha hablado sobre el uso de ki-musubi, haciendo hincapié en que practicar desde el ki-musubi es una práctica de relación con el centro del otro. Constantemente nos invita a que focalicemos nuestra atención en detectar y conectar con el centro de uke, mientras los brazos actúan simplemente como una vía de acceso para alcanzarlo, establecer la conexión y movilizarlo.
“Cuanto mayor es el ki-musubi, más se desvanece la forma. Cuanto menor es el ki-musubi, más gestos técnicos necesitamos para desequilibrar a uke y sacarlo de su esfera de poder.”
Esto no significa que la técnica desaparezca. Al contrario: la técnica se refina y se vuelve más sencilla. Ya no necesita grandes ángulos ni movimientos amplios, porque la conexión hace innecesario todo aquello que antes tratábamos de conseguir mediante la forma exterior.
En este contexto se evidencia la importancia de la suavidad, lo relevante que se vuelve moverse con suavidad. Para conectar con uke con mayor facilidad necesitamos movernos suave. Suave no es flojo, no es blando, es simplemente con un cuerpo relajado. Esa es la clase de suavidad que necesitamos para relacionarnos y conectarnos con el compañero.
Una vez conseguimos alcanzar ese nivel de relajación nos es posible generar una marea con el cuerpo. Nos ayudamos de la marea corporal para movilizar la energía, una onda que alcanza y pone en movimiento la energía de uke. Al entrar en contacto, ambos cuerpos comienzan a desplazarse como una sola unidad.
“No sacrifiquéis la ventaja.”
Si al contactar con uke adquirimos una ventaja, debemos conservarla. La relación marcial entre tori y uke debería hacer posible que, mientras ambos permanecen conectados, tori se encuentre fuerte —estable en su centro— y uke débil, es decir, desequilibrado. Pero el encuentro no comienza cuando se produce el contacto físico. Comienza mucho antes: en el mismo instante en que nos situamos frente al compañero. Ahí nace la conexión. Y, una vez conectados, podemos movilizar a uke sin recurrir a la fuerza.
“Esta es la estrategia marcial que buscamos estudiar y desarrollar.”
Tratamos de encontrar ese lugar en el que uke deja de sentirse cómodo, permanece desequilibrado e inestable, mientras nosotros ocupamos un espacio desde el cual estamos equilibrados, asentados en nuestro centro y desde donde somos capaces de movernos con total libertad y comodidad.
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