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La Mente de la No Mente, por Takuan Soho



Takuan Sôhô 1573-1645, nació en la aldea de Izushi provincia deTajima. Sus escritos Zen aplicados al Arte de la esgrima han sido extraordinariamente influyentes, teniendo repercusión en personajes de la talla de Yagyu Munenori y Miyamoto Musashi.

Takuan puede ser considerado como uno de los grandes escritores influyentes en la estrategia y el pensamiento de los samuráis, comparable a Sun Tzu, Mencius o Confucio. 

Enseñó y demostró la importancia de la actitud del individuo durante el combate y presentó al Zen como la herramienta ideal para lograr la actitud correcta. El no-pensamiento -Mushin del Zen-, nos ayuda a lograr esta actitud y nos libera de las ataduras del espíritu apegado a los malos pensamientos, a las pasiones y a los hábitos mundanos, que al ser vencidos, nos sitúan en la vía de poder vencer a nuestro mayor enemigo. 

Nuestro mayor enemigo es el que se sitúa en nuestro interior, -el ego-, por ello, el oponente es tan solo un ejemplo de nosotros mismos, un ejemplo de nuestras limitaciones y apegos, que debemos superar. Si superamos nuestras limitaciones y apegos, vencemos a nuestro enemigo y por lo tanto, al oponente que se sitúa frente a nosotros. 


La mente de la mente existente 
la mente de la mente no existente 

La mente existente es la equivalente a la mente confusa, a la que literalmente, se la considera como una “mente que no existe”. Es la mente que piensa en una dirección, con independencia del asunto que sea. Cuando hay un objeto de pensamiento en la mente, la discriminación y los pensamientos surgirán. Por eso se la conoce como “mente existente”. 

La no mente, es la equivalente a la mente recta. No se inmoviliza, ni se fija en lugar alguno. Se la llama no mente, cuando la mente no hace discriminaciones, ni tiene pensamientos, pero vaga por todo el cuerpo y se difunde por todo el ser. 

La no mente no puede ser colocada en ningún lado, no es como la madera o la piedra. Donde no hay un lugar donde se pueda detener, se la llama la no mente. 

También es llamada: “no mente, no pensamiento”

Cuando esta mente ha sido bien adiestrada, no se detiene con nada, ni falla en nada. Existe en si misma y se desborda como el agua. Surge de la forma adecuada en el momento necesario. 

La mente que se vuelve fija y se detiene en un determinado lugar, no funciona libremente. Del mismo modo, que las ruedas de un carro giran sin detenerse, porque no están sujetas de una forma rígida, la mente, no funciona cuando se ve ligada a una sola situación. 

Si hay algún pensamiento en la mente, aunque se oigan las palabras dichas, será imposible entenderlas. Esto ocurre, porque la mente se detiene en sus propios pensamientos. Si la mente se inclina en la dirección de estos pensamientos, aunque se oiga, no se entenderá y aunque se mire, nada se verá. 

Esto ocurre, porque existe algo en la mente y lo que existe en la mente es el pensamiento. Si fuera posible, sacar lo que existe en ella, la mente se volverá no mente y actuaría cuando fuese necesario y su uso sería el apropiado. La mente que piense en sacar de ella, lo que en ella se encuentra, los pensamientos, estará ocupada con esta propia acción. Si no lo piensa, ella misma sacará de si esos pensamientos y por si misma se convertirá en no mente. 

Si siempre utilizamos así la mente, posteriormente ella misma asumirá la condición adecuada, sola, por si misma. Pero si intentamos alcanzar este estado de repente, nunca lo conseguiremos. 

Hay un antiguo poema que dice: 

“Pensar que no pensaré, es tener algo en el pensamiento. Simplemente, nunca, de ninguna forma, no pienses, en no pensar”. 

En la práctica del budismo, se suele decir que hay cincuenta y dos estados y en estos cincuenta y dos, el lugar donde la mente se detiene es denominado “lugar de permanencia”. Permanencia significa parada y parar significa que la mente se detenga por algún motivo.

Hablando en términos de arte marcial, cuando percibes en un principio la espada que se mueve para golpearte, se piensa en contener a esa espada, tal y como se encuentra; tu mente se parará en la espada en esa posición exacta, tus movimientos serán anulados y tú serás abatido por tu oponente. Éste es el significado de “parar”. 

Pero si ves la espada que se mueve para golpear y tu mente no se detiene por ella, encuentras y acompañas el ritmo de la espada que avanza y no piensas en golpear a tu oponente, ni ningún pensamiento o juicio te invade; entonces, si en el instante en que ves la espada, tu mente no se detiene ni por un instante y avanzas con determinación y le arrancas la espada al oponente; entonces, la espada del otro, ahora pasará a ser tuya y se convertirá, por el contrario, en la espada que abatirá a tu oponente. 

……. 

Ya sea a través del golpe del enemigo o de tu propia envestida, a través del hombre que ataca o de la espada que golpea, a través de la posición o del ritmo; si tu mente se ve de alguna forma distraída, tus acciones fracasarán, pudiendo esto significar que seas abatido. 

No debes de concentrar la mente en tu interior. Fijar la mente en el cuerpo es algo que se hace sólo al principio de la práctica, cuando se es un principiante. 

Si te colocas frente a tu oponente, tu mente será dominada por él. 

Si concentras tu mente en el ritmo del combate, también de esa forma la mente puede ser dominada. 

Si concentras la mente en tu propia espada, la mente, también puede ser dominada por tu propia espada. 

Si tu mente se para en alguno de esos puntos, serás una concha vacía. 

Seguro que te acuerdas de estas situaciones. En el budismo se le llama “ilusión” a esta parada de la mente. Por eso decimos: “La aflicción de permanecer en la ilusión”. 


Si estas frente a un árbol y miras hacia una sola de sus hojas rojas, no verás las demás. Pero si tu mirar no se centra en una sola hoja y te fijas en el árbol con la mente vacía, cualquier número de hojas se vuelve visible para ti, sin límite alguno.

Takuan Soho,  
El Registro Misterioso de la Sabiduría Inmovil

Entrevista a Endo Sensei, Año 2000, os suena algo??



Entrevista realizada en Saku Dojo por Raymond Kwok.

Extracto de la entrevista que apareció por primera vez en la edición del año 2000 de la Revista de Kuala Lumpur YMCA Aikido Club:


RK: You have been known for your particular style of not using power. It seems when you were about 30 years old you dislocated your shoulder Can you tell us your style of not using power?

SE: It is important to know how to lose shoulder power ...why do you have strength in the shoulders?

RK: I think it is the most natural thing - most people tend to use upper body strength - it is the easiest to use, the hara however is the most difficult. ... so that’s why I think most people end up using the shoulders more.

SE: The same principle applies in other sports, not only Aikido; Kendo, Karate, golf ...it is important to relax the upper body, keep the power in the hara - you have to practise again and again to develop such power. The more you lose the power, the more you can concentrate.

....

RK: You don’t want to accept any deshi - for what reason?

SE: The deshi should do things - what I expect.

RK: But if you don’t have any deshi, you wouldn’t know ... what would
that be?

SE: The relationship between deshi and Shihan is strict. I belong to Hombu Dojo. That is one of the reasons. The students who come to Hombu Dojo belong to Hombu Dojo - they are not my deshi. But if some people want to learn more from me – and want to follow and stay with Endo Sensei, that is o.k. if they decide to get better and stronger ...

RK: But he still cannot be uchi-deshi?

SE: The Sensei can choose the deshi; the deshi can choose to shihan too. This time you are here, last time I heard you were in France - other teacher, but if you decide that Endo Shihan is to be your teacher, then you can only learn from 1 teacher -you can’t go from place to place to learn from other teachers -You have to have that relationship - shihan and deshi.

....


RK: So was it Tohei Sensei or Yamaguchi Sensei that caused you to change your mind about using power?

SE: Now I think that no particular Shihan influenced me. When I was 25 years old, Tohei Sensei was in his 50s. Tohei Sensei was then 8th or 9th Dan. I was young. I used a lot of power. After 5 years, I broke my shoulder. So I was like this - only my left arm - that was after I had been training at Hombu Dojo for 10 years.

So Yamaguchi Sensei asked me how I would get by with 1 arm. Strange question. Why? Why did he say that? Until then I did not attend Yamaguchi sensei’s class very often. After that, I tried to attend every one of his classes. Monday - only 1 class. He told me a lot - but I didn’t understand. He would correct me and tell me to keep trying.

I took ukemi - not only from Yamaguchi Sensei but also from the Founder, Doshu and Tohei Sensei. Each time I tried to feel - same feeling. Some Senseis are old - 50 and 60 years old – yet they are still very stiff because they use a lot of force. So I chose ...I learned from Tohei Sensei, Osawa Sensei, Yamaguchi Sensei. Not just from 1 person, I learned from several teachers – it was a gradual process.

....


RK: You have talked about the concept of Kamnagara in Aikido. Is it like when you are doing 1 technique ... but you find you cannot do it - for some reason - so, you switch to another technique automatically without thinking ... if you cannot you just switch to another, if you still cannot you keep changing and switching until you get it right?

SE: Exactly. It’s like water flowing into a river. The river will meander
but the water never stops flowing. If there is a rock, the water will flow over it. "Kami” is God. The image of God is different for everybody. Every religion has a concept of what God is. But there is only 1 God and he is everywhere. I now think Taoism includes everything.


Video X Aniversario Musubi

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3º Dan: Oportunidad de Reflexión y Agradecimiento





Cuando el conjunto de circunstancias permiten enriquecer nuestro ser, y dar lugar a que este fluya libremente, ese es el momento que nos acerca un poco más a nuestra esencia, y aunque es cierto que las circunstancias no deberían de influir para que esto ocurra, debemos tener en cuenta que mientras seamos esclavos de las características de nuestra personalidad, somos esclavos de las circunstancias.

Nuestra personalidad nos dota de las herramientas  necesarias para protegernos de las adversidades que nuestro contexto nos impone, igual que una chaqueta nos protege del frío, el obstáculo con ello surge en el momento en que hace temperatura adecuada para no necesitar usarla y sin embargo continuamos con ella puesta. Esto nos esclaviza pues tememos que cuando nos la quitemos pasaremos frío, y precisamente ese miedo a pasar frío hace que nos asemos de calor. Es por ello que utilizo la expresión “esclavos” pues sin darnos cuenta usamos algo que no necesitamos, de hecho llega un momento que ese algo nos usa a nosotros de tal manera que pensamos que somos ese algo, cuando en origen nosotros lo creamos para nuestro beneficio, y sin embargo se transforma en aquello que en  lugar de protegernos en realidad nos oprime con el poder que nosotros le hemos dado.

En momentos puntuales es cuando esto se vuelve más evidente, cuando nos enfrentamos a situaciones que en algún momento de nuestra existencia nos han generado algún tipo de trauma, físico, psicológico o emocional. Y se repite la historia, volvemos a enfrentarnos a nuestros miedos, vuelve a aparecer la emoción que se generó en una situación determinada, apareciendo de nuevo las reacciones físicas y mentales que se desencadenaron en su origen. Nuestra personalidad se pone en funcionamiento y nos repetimos innumerables veces que: “ y que puedo hacer, si yo soy así” o “ que remedio si siempre es lo mismo y me afecta igual”. Y es cuando la diferencia se establece, es ese el momento en el que podemos seguir reafirmando y consolidando nuestros rasgos de personalidad o decidir modificarlos.

La vida nos ofrece otra oportunidad, la vida nos da la oportunidad de liberarnos de esos miedos (de quitarnos la chaqueta y dejar de pasar calor, por el miedo a pasar frío), y en nuestras manos está el hacer que desaparezcan o permitir que se vuelvan más poderosos. En otras palabras, en nosotros está el poder de quitarnos la chaqueta o colocarnos una más gruesa, con más capas  y que nos oprima un poco más.

Claro, generalmente en este caso la respuesta que surge en nuestra cabeza suele ser: “claro, pero como lo hago”, “sí, es fácil decirlo, pero hacerlo…, ya es otra cosa”, pues bien la vida te da las herramientas, las tienes ahí pero normalmente no  las usas, solo tienes que guardar un poco de silencio, y la respuesta surge, solo tienes que conectar con el AMOR que se emana desde tu corazón y la SABIDURÍA  aparece, y en ese momento te das cuenta que tienes el PODER de cambiar las cosas, y decides hacerlo. Ese momento es en el que de repente te das cuenta de que las ataduras al pasado, eras tú el que las mantenías  ancladas, y que con un simple gesto de aflojar y dejar fluir se desprenden de manera natural.

Yo ayer tuve la oportunidad de disfrutar de una de estas oportunidades, las circunstancias que rodearon esta liberación me las volvía a dar aquello que me apasiona, el AIKIDO, momentáneamente encaré  parte de mi pasado, durante aproximadamente 3 horas tuve la oportunidad de observarme, mirar hacia dentro y descubrir mi evolución, descubrir que durante la última etapa de mi vida había conseguido quitarme diferentes chaquetas, que AHORA no estaba tan oprimido, y que aún quedaban algunas que quitar. Descubrí con alegría que el camino andado había merecido la pena, y me animaba a continuar andando, disfrutando y evolucionando para tener la oportunidad en algún momento, que intuyo no está muy lejano, de liberarme de toda aquella ropa que no necesito en este viaje, para poder colocar en cada momento la que necesite.

Por supuesto descubrí lo más importante, y es que este camino no lo había andado solo, que muchos seres lo habían compartido y a veces sufrido conmigo. Es por ello que a todos ellos querría agradecer su paciencia, su respeto, su comprensión y el AMOR desplegado. Gracias a todos mis compañeros del musubi, a todos los practicantes con los que he tenido la oportunidad de practicar, gracias a mis alumnos por las lecciones que he recibido de ellos y los aprendizajes recibidos, gracias a Lydia por soportar todo lo soportado, y acompañarme en este camino que he decidido seguir, con respeto y resignación, y por supuesto a todos aquellos que me habéis apoyado, animado y acompañado en este proceso. Por último y por supuesto con una mención especial por su dedicación, entrega, apoyo, conocimiento y sabiduría, Gracias Chen, Domo Arigato Gozai Mashita Luis. Este 3er Dan conseguido es obra de todos, estoy seguro que el Universo os recompensará por el servicio prestado y el Amor compartido. Gracias

Extracto de entrevista a Endo Sensei


Periodista:  

Tengo entendido que experimentó un gran cambio cuando llegó a los 30 años.
Endo:

Cuando tenía exactamente 30 años me disloqué el hombro derecho. Este acontecimiento desencadenó un giro en mi modo de acercarme al Aikido. Estando en esas condiciones, Seigo Yamaguchi me dijo: “has estado practicando Aikido durante 10 años, pero ahora solo tienes el brazo izquierdo, ¿Qué vas a hacer?”. Hasta ese momento yo no había practicado mucho con Yamaguchi Sensei, pero después de su comentario decidí ir a sus clases tantas veces como pudiera. Yo empezaba a darme cuenta de cuanto dependía de mi fuerza en mis hombros y en mis brazos; y me había preguntado se sería para mí posible la práctica de Aikido en esa forma. Con tales cosas en mente, la pregunta de Yamaguchi Sensei fue el empujón que me faltaba para acceder a mi siguiente nivel de práctica. Aproveché esta oportunidad para cambiar 180º mi forma de acercarme al Aikido.

A todo el mundo le han dicho por lo menos una vez, “quita la fuerza de los hombros”. Yamaguchi Sensei también hablaba de practicar Aikido sin ayuda de la fuerza. Por supuesto, es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Cuando uno trata de sacar la fuerza de sus hombros, a menudo el Ki se va con ella. Se puede hacer también una comparación con el sky, pues haciendo todo lo posible por imitar al profesor, uno mejora rápidamente. Pero las cosas comienzan a fallar cuando uno intenta hacerlo por su cuenta. Yo experimenté algo similar en mi intento de liberarme de la fuerza. Podía hacerlo cuando Yamaguchi estaba cerca, pero tan pronto se iba me sentía incapaz. Era muy frustrante y siempre terminaba practicando a mi modo. Y luché con este problema cerca de medio año.

Creo que fue Shinran( 1173-1263, fundador de la secta “Tierra Pura” de Budismo) quien dijo: incluso cuando lo que dice mi maestro me parece un error, incluso si me parece que estoy equivocado, tengo absoluta confianza en lo que debo hacer y sigo el camino de mi maestro, incluso si me conduce al infierno. “Yo pensé: porqué no, si voy a perder mi camino por Yamaguchi Sensei, que así sea”. A todo esto, Yamaguchi Sensei me había dicho: “incluso si no entiendes, toma mi palabra y hazlo, solo dale 10 años más o menos…”, eso fue lo que hice. En vez de tratar de desprenderme de la fuerza (y volver a ella cuando la técnica no funciona), resolví explorar únicamente la forma de la “no fuerza”, sin que me importara el resultado.

De todos modos, aunque ya estaba seguro en mi mente, las condiciones de práctica no cambiaron. No tardé en darme cuenta de que mis compañeros de práctica no tomaban ukemi cuando yo trataba de tirarlos sin fuerza. No me quedaba otra alternativa que decirles: “no puedo hacer esta técnica aún, pero ¿puedo pedirte que tomes ukemi ahora?”, era una pregunta inusual para un 4º Dan, y la gente quedaba un poco sorprendida. Así fue como comencé a practicar de este nuevo modo, teniendo especial cuidado de no frustrarme o irritarme porque sabía que eso me llevaría directo a la fuerza.

Mientras Yamaguchi Sensei me proyectaba murmuraba cosas como: “cuanto más dejes ir tu fuerza, más se concentrará tu Ki”o “concentra tu fuerza en el bajo vientre”. Yo trataba de prestar atención a lo que hacía cuando tomaba ukemi, y creo que después de algunos años comencé a darme cuenta de lo que hablaba y de lo que hacía.

Sabía que finalmente había encontrado una forma de práctica que funcionaba para mí. Desde entonces comencé a trabajar en una técnica por vez exclusivamente. Por ejemplo, no hacía nada más que Shomen uchi Ikkyo, por medio año, no importaba en que dojo me encontraba. Entrenando de este modo comprendí profundamente cada técnica. Me ayudó a darme cuenta de que manera encarar cada técnica, en cada situación diferente y también del principio básico de cada técnica ( que se puede aplicar a otras). En aquellos tiempos cuando enseñaba solía decir cosas como:  “observaos atentamente y sentid que estáis haciendo o “sentid a vuestro compañero y observad la relación entre él y vosotros”. Por “Tí” yo quería decir estado mental y equilibrio físico, así como la relación entre ambos. Hay una expresión: “mente, técnica y cuerpo son uno solo” (Shín Gi Tai Itchi). Cuando la mente está en desorden al cuerpo le es imposible moverse efectiva y eficientemente. Del mismo modo un cuerpo desequilibrado puede agitar la mente hasta el punto en que le es imposible comprender la relación entre uno y su compañero, relación que en definitiva indica que técnica corresponde. Una vez hecho el contacto inicial (de ai), moviendo el cuerpo apropiadamente (tai sabaki), y desequilibrando al compañero (kuzushi), es imprescindible percibir que técnica surge naturalmente de la relación entre uno y el compañero. O´Sensei hablaba de “hacerse uno con el Cosmos” o “ser uno con la Naturaleza”. Una forma de interpretar esto es tratar de no forzar la técnica de acuerdo con nuestra propia y única voluntad, no insistir en completar la técnica que uno ha elegido, deberíamos en cambio percibir la técnica que surge naturalmente…nosotros practicamos Aikido yendo a través de la técnica una por una. Repitiendo lo que nuestro Maestro nos muestra. Eso significa que debemos hacer esa técnica en particular sin importar lo que suceda (incluso si implica un grado de esfuerzo excesivo), en otras palabras, incluso si involucro movimientos que no surgen naturalmente. Es importante ser capaz de observarse a uno mismo para reconocer ese esfuerzo innatural como tal.

Se necesita ser lo suficientemente perceptivo y objetivo para decirnos a nosotros mismos cosas como: “ la técnica estuvo bien pero el encuentro, de ai, con mi compañero no está funcionando.”, es importante chequearse constantemente y vigilar la consciencia de si los movimientos son naturales o no.

Fue después de que comenzara a entrenar sin fuerza que pude cambiar inmediatamente la técnica  que estuviera haciendo a otra. Esto es lógico pues a menor esfuerzo empleado es más fácil cambiar a otra cosa.

Practicando de este modo recordé las palabras de O´Sensei: “ cuando es así, tu haces esto. Cuando es de esta otra forma haces esto otro…”, el nunca hacía lo mismo dos veces. Yo pensé: creo que sé que se refiere. Con esta clase de perspectiva, nunca se utiliza demasiada fuerza, porque cada uno cambia a otra cosa según se necesite. Imagínese un río con rocas en él. Cuando el agua se encuentra con rocas pequeñas fluye sobre ellas. Cuando se encuentra con rocas más grandes fluye alrededor de ellas. Incluso si se contiene su cauce el agua no se detiene y en realidad su energía potencial sigue aún allí arremolinándose y acumulándose detrás de la presa, tratando de quebrarla o rebasarla. El Aikido es igual, no es un “camino de vida” si uno limita el encuentro a una técnica en particular, es importante ser capaz de cambiar y hacer otra cosa en el caso de que las condiciones cambien y suspender lo que uno está haciendo para obtener el efecto deseado.

No se trata solo de fluir hacia algo diferente cuando uno se encuentra bloqueado, es también necesario investigar como “ahorrar energía”. Además todos tenemos potencialidades sin desarrollar, por lo tanto deberíamos pensar como sacarlas a relucir aplicando esa energía latente.

En el “Tora no Maki” una obra que según se dice contiene los secretos más profundos de las artes marciales y la estrategia se comenta: “ lo que llega es recibido, lo que se va es enviado en esa dirección; lo que está en oposición se armoniza. Cinco y cinco son diez, dos y ocho son diez, uno y nueve son diez. De esta manera las cosas deberían armonizarse. Hay que distinguir apariencia de realidad comprendiendo el propósito verdadero y la estrategia oculta; Hay que conocer la potencialidad inadvertida y las implicaciones escondidas. Comprender tanto el plan general como así también prestar atención a los detalles y particularidades, tanto como sea necesario. Cuando uno se enfrenta con una situación de vida o muerte, hay que responder a los cambios que tienen lugar y enfrentar la situación con la mente libre de agitación.” Este corto pasaje me proveyó de un basto alimento para mis pensamientos.

P: Esas palabras pueden ser aplicadas tanto al Aikido como a la vida en general, no cree.

E: Exacto. Nosotros aprendemos tales cosas a través de la práctica pero en realidad la mayoría de nosotros pasa más tiempo fuera del dojo que en él, por lo tanto sería extraño no darse cuenta de que lo que aprendemos en el dojo es extensible a otros aspectos de la vida.

No es del todo apropiado hablar de ganar o perder cuando se habla de Aikido, pero la mejor victoria es, creo, cuando se logra armonía con el oponente y ambos sienten esa armonía.

Meditación en Acción


A continuación presento un texto que he encontrado y que describe de un modo muy aproximado el tipo de mente que se busca en la práctica de un arte marcial, en este caso el Aikido, y que igual que a mí, a otros les puede servir de referencia para iniciar una búsqueda de la misma.





La meditación en la acción es el silencio profundo de la consciencia. Es lo que en el Taoísmo se llama wu wei (no acción): hacer sin hacer. Hacemos sin hacer cuando no es nuestro "yo" el que hace. Por ejemplo: vamos por la calle y de pronto vemos a alguien que está a punto de caerse, nos lanzamos y le ayudamos para que no se caiga. Se trata de un acto impensado, espontáneo. En este caso hemos hecho, pero no ha sido nuestro "yo" personal el que ha decidido hacer eso. Ha sido la situación que nos lo ha exigido. Igual que en otro momento saltaremos para evitar un peligro, o nos apartaremos frente a un vehículo. En nosotros existe una inteligencia que nos hace vivir.
Es esta realidad profunda que se expresa a través de cada cosa que existe, por lo tanto a través de nuestro cuerpo, de nuestra inteligencia, a través de todo.

Pero, dentro de ese funcionamiento inteligentemente automático, aparece la idea de sentirnos los autores, los poseedores, los dueños de muchas de las cosas que nos ocurren en el vivir. Nos viene una idea luminosa, y de inmediato nos posesionamos de ella y decimos ¡qué inteligente que soy! ¡Qué importante que soy, que he conseguido esto! Pues bien, esta función del "yo" personal, que está actuando siempre en nuestra vida diaria, es la que debemos aprender a silenciar. Es decir, que debemos vivir muy despiertos/as muy presentes, en toda situación pero con un silencio completo de nuestra mente.

Entonces descubriremos que la vida sigue exactamente igual, que podemos seguir haciendo las mismas cosas que nos son pedidas a cada momento, por estímulos externos o internos, pero sin necesidad de atribuírnoslo a nosotros mismos, sin necesidad de juicios o comparación. Es un aprender a vivir en el silencio, en el silencio de nuestra mente,de nuestro "yo". Esta es la forma de aplicar la meditación y el silencio a nuestra vida activa. Cuando lo hacemos así descubrimos que estamos en movimiento en la medida en que hay movimiento; cuando éste deja de existir, porque se ha completado la acción, permanece en nosotros una quietud total, lúcida. Y, tanto en el movimiento como en su cese, en nosotros persiste una conciencia profunda de paz, de fuerza, de silencio, de presencia de Dios.

Es cuando nuestra mente está constantemente pensando al servicio de nuestro ego cuando no nos enteramos de nada de estas cosas. Pero cuando aprendemos a vivir presentes, con la mente en silencio, descubrimos permanentemente esta presencia detrás de todo. Y la acción no es obstáculo para vivir esta presencia, porque vivimos esta misma acción como expresión de la presencia, es un modo activo de la presencia. Esto es realmente vivir en meditación y en silencio, vivir en plenitud. El silencio y la plenitud son sinónimos, porque tanto uno como otra implican no apoyarse en aspectos, modos o formas de la realidad: La plenitud es un concepto que implica todas.

La característica de este vivir en silencio es que la acción es siempre nueva, espontánea. Porque no se apoya mecánicamente en el precedente, en la memoria. Es cuando mejor surgen las cosas, tanto las de nivel físico como las intelectuales. Los que practican judo, en sus niveles superiores, explican a veces cómo, en el momento en que viven la lucha en este estado interior, (que es el verdadero objetivo del Judo) ocurre algo totalmente inexplicable desde el punto de vista técnico: que se producen entonces las llaves y contrallaves más extraordinarias, algo totalmente irreproducible a voluntad. Es la genialidad, porque la acción está en ese momento dirigida por la inteligencia más grande y más creativa. Y esto ocurre en todos los aspectos de la vida.

Pero al mismo tiempo que hay esa extraordinaria eficacia, cuando la acción se termina, lo hace en todos los aspectos. Queda entonces en nosotros el silencio interior y el estado de meditación. La acción no deja residuo. En cada instante, cada acción es algo completo en sí misma. No nos quedamos pensando en lo que hemos hecho o lo que hemos dejado de hacer. No hay aquí ese eco de cosa inacabada, que es lo normal que ocurra en nuestro modo de vivir. Cada instante es una situación plena, completa, y lo es tanto en el momento de hacer como en el silencio o vacío que sigue a continuación.

Las palabras son muy pobres para describir este modo de vida, y cada uno/a debe descubrirlo por si mismo/a. Pero, de hecho, este es el paso más elevado que existe dentro de nuestra experiencia actual sobre los niveles de creatividad o capacidad transformante que existe en nosotros.

Crónica de un Seminario de Endo

Han pasado varios días desde que finalicé mi primer curso de aikido con el Maestro ENDO. La verdad que ha sido una experiencia inolvidable, y por supuesto única. Todavía al pensar en la experiencia vivida hace que se me ponga la piel de gallina.

El primer día de curso quedé con Guille en la entrada del polideportivo de la localidad de Armilla. Para nada me encontraba nervioso, aunque lo habían intentado y casi lo consiguen algunos musubos, entre ellos nuestro “chen”. Por casualidad, me encontré en la entrada con otros dos musubos, David y Francis, y al ver que Guille no llegaba decidí entrar con ellos.

Caminamos hasta la entrada del pabellón cubierto, hablando de temas que no recuerdo, pero conforme nos íbamos acercando al pabellón mi estado interior iba cambiando. Para nada eran nervios, no puedo describir aquella sensación, pero siendo franco, notaba como mis pulsaciones iban en aumento.

Una vez en el vestuario, mientras me cambiaba de ropa, los dos amigos musubos que me escoltaron por el camino de entrada, me comentaban anécdotas vividas en otros cursos con el Maestro ENDO, pero mi estado interior no me dejaba prestar la atención deseada, era como si tuviera los oídos taponados.

En el trayecto del vestuario al tatami, mis pulsaciones subieron un poco más, no era normal en mí, pensé que podría ser del frío que hacía en aquel congelador de pabellón.

Cuando dejé mi bolso y me coloque en seiza para entrar al tatami, mis cuádriceps quedaron engarrotados. Al incorporarme intenté estirarlos y los golpeé con mis puños disimuladamente mientras saludaba a todos los musubus que ya habían comenzado a calentar. No le di la mayor importancia, sólo quería estar preparado para cuando el Maestro ENDO comenzara la clase.

Mientras hablaba con los compañeros, vi al maestro al final del tatami, y como si de un globo se tratara mis sentidos estallaron en mi interior. No lograba entenderlo, no me miró, no se había dirigido a mí y no habíamos comenzado la práctica y creo conocer mi cuerpo como para saber que no era mi sistema nervioso, era algo que invadía todo mi ser y a lo que me enfrentaba por primera vez, o esa era mi impresión.

A los pocos segundos, minutos… no sabría contabilizar que lapso de tiempo transcurrió, mis oídos percibieron el sonido de dos palmadas y observé como los allí presentes se colocaban en seiza. Sin pensarlo, me arrodillé y coloqué mis manos en mis muslos, que parecían troncos de roble, mi rostro desprendía calor, y aunque pensé que nadie lo notaría casi llaman a urgencias al verme Francis y Elena. No entendía nada, mis piernas no respondían, mis pulsaciones subían y mi cara parecía que iba a sufrir una combustión espontánea.

Por mi flanco derecho percibí como alguien se incorporaba y con paso firme, se dirigía hasta el centro del tatami, era el Maestro ENDO. Después del saludo inicial, dio comienzo el curso y con ello la clase, un poco de calentamiento, ejercicios de respiración y de suburi. Aunque todo lo habíamos practicado antes en el dojo, no sé si por lo atrofiadas que tenía las piernas o por las deflagraciones que brotaban de mi cara, pero mí práctica no fue todo lo buena que debería haber sido.

La verdad, me habían comentado que el maestro era muy distendido y jovial en sus explicaciones, pero no lo pude creer hasta que lo vi con mis propios ojos. Fue como nuestro “chen” y los compañeros me habían contado, sus palabras, aunque en japonés, me tenían obnubilado.

La primera hora pasó bastante rápida, aunque los ejercicios de suwari waza iniciales me costaron un poco debido al estado de mis piernas, la práctica fue distendida y fluida. El Maestro caminaba por el tatami observando a los practicantes y además de corregir a los mismos también practicó directamente con ellos.

En la segunda hora de práctica, mis piernas me estaban pasando factura, pasaron de robles a pilares de hormigón, pero las ganas de practicar y el observar la intensidad y energía con la que el Maestro transmitía sus explicaciones, hizo que me olvidara de mis cuádriceps y pusiera mis cinco sentidos en intentar mejorar mi práctica.

Dieron las siete p.m. y concluyó la primera tarde de curso, volvimos a colocarnos en seiza y despedimos la clase. Me encontraba cansado pero al mismo tiempo henchido de satisfacción y a la misma vez como si flotara en un mar de nubes, mis piernas apenas las sentía, pero como dicen por mi tierra “sarna con gusto no pica”.

Mientras me quitaba la hakama, intentaba ordenar en mi mente todo lo vivido. Para otros practicantes podía ser un curso más, pero para mí fue como le dije a Luichi algo muy especial, mi respuesta literal fue “imagínate como puede estar un niño en su primera comunión, pues ahora imagínate que la hace en el vaticano y le da la comunión el Papa”, soltó una carcajada enorme, pero honesta y sincera, me miró y me dijo “pues esto es el principio, ya verás mañana”.

Terminé de doblar mi hakama, me cambié, recogí una pequeña toalla por el XV aniversario del curso y me fui a casa sin poder bajarme de la nube en la que había quedado inmerso. Ya no me acordaba ni del dolor de piernas, excepto por el hecho de tener que conducir y tener que cambiar de marcha, pero con unas ganas enormes de que comenzara el segundo día de curso.

El sábado me levanté algo tocado de las piernas aunque con unas ganas de practicar enormes, seguían como el primer día o incluso diría que más. Mientras tomaba algo de cafeína y unos cuantos hidratos, intentaba hacer que mis cuádriceps volvieran a su estado normal haciendo algunos estiramientos, tenía los músculos petrificados.

Cuando llegué al polideportivo de Armilla volví a tener las mismas palpitaciones y sensaciones del día anterior, por lo que al no ser desconocidas para mí, pude controlarlas algo mejor. Coincidí en el vestuario con David y Mario, comentamos la clase del viernes tarde y nos dirigimos al tatami.

Mientras saludaba al resto de compañeros, continuaba con mi reto personal de doblegar mis cuádriceps e intentar que llegaran lo mejor posible al inicio de la clase. Aunque puse todo mi empeño en ello, golpeándolos y estirándolos con énfasis, fue como si les hubiera hecho cosquillas.

De nuevo, el retumbo de dos palmadas hizo que los allí presentes nos colocáramos en seiza. Silencio profundo en todo el pabellón, cerré los ojos y escuché mis propios latidos como rompían su cadencia habitual subiendo sin previo aviso. Respiré profunda y pausadamente mientras realizamos el saludo inicial y dimos comienzo a la segunda clase. Un poco de calentamiento, respiración y el Maestro ENDO comenzó con sus explicaciones, recordando un poco lo que vimos en el día anterior.

Empezamos con los ejercicios de suburi. Mis sensaciones mejoraron con respecto a la primera tarde de curso y aunque mis piernas no me acompañaban, mis ganas contrarrestaban ese hándicap. Durante la práctica coincidí con aikidokas de otros dojos, una experiencia diferente, pero gratificante.

La primera hora de la mañana fue pasando, entre explicaciones del Maestro Endo y práctica, hasta que llegó mi técnica preferida, Irime Nage. Observar al maestro como ejecutaba la técnica de Katate Dori-Irimi Nage era impresionante, lo fácil que lo hacía con cualquier tipo de uke, ya fuera alto, corpulento,… daba igual, todos parecían simples marionetas en sus manos.

Practiqué junto a Wilfred, dura e intensa experiencia. Pasados unos minutos desde el inicio de la técnica, El Maestro ENDO propuso 5 minutos de descanso a lo que todo el mundo accedió de buena gana. Pero Wilfred se quedó con ganas de más y los dos continuamos practicando durante el descanso en una esquina del tatami.

El Maestro se acercó hasta nosotros sin que me percatara de su presencia, nos miró, sonrió y corrigió mi forma de ejecutar la técnica. Extendió su brazo y me ofreció su mano, la primera técnica que hacía de uke del Maestro. Cogí su muñeca y cuando me quise dar cuenta estaba en el tatami. Me incorporé y volví a cogerlo por la muñeca, me preguntó “¿Ok?”, cuando le contesté ya volvía a estar en el tatami. A continuación practicó con Wilfred, y una vez concluyó se retiró moviendo los brazos y con esa sonrisa tan peculiar en su rostro. La verdad me quedé sin palabras, mis piernas parecían más ligeras, era como si parte de esa energía que me estaba bloqueando hubiera desaparecido.

El Maestro dio por concluidos los 5 minutos de descanso y continuamos con los ejercicios, pero siendo sincero mi cuerpo estaba en el tatami pero mi mente seguía en un bucle, recordando el momento vivido con el Maestro.

Sobre las trece horas despedimos la clase, mientras permanecía en seiza seguía inmerso en el único pensamiento que abordaba mi mente. Recuerdo que comencé a desanudar mi hakama rodeado de practicantes, pero a la vez me sentía solo conmigo mismo, fue algo fantástico el poder “llevarme” aquel momento con el Maestro ENDO. En realidad fueron segundos o incluso un solo minuto en contacto directo con él, pero para mí fue una eternidad, para nada recordaba si había hecho bien o mal la técnica que propuso, solo recordaba el contacto con sus muñecas y la energía que me transmitió.

En las horas de descanso que hubo hasta la sesión de la tarde, seguía pensando en aquella experiencia, y me sentía afortunado de haber podido practicar con el Maestro. Ahora entiendo a Elena cuando acabada la clase del viernes tarde me preguntó “¿has tocado al Maestro?”.

Llegadas las cuatro y media ya me encontraba pasando el control de entrando al pabellón. Saludé a los compañeros allí presentes y me dirigí con rapidez a cambiarme al vestuario. Seguía pensado en lo que me había llevado aquella mañana, sin pensar en lo que aún me esperaba.

Entré al tatami y me centré en poner en orden las fibras musculares de mis muslos. La sensación vivida la primera tarde de curso seguía viva en mi interior, pero ya me era tan familiar que podía disfrutar de ella sin ningún tipo de reparo.

Comenzamos la clase y la práctica, ejercicios de Shomen, Yokomen y Gyaku Yokomen. Intenté serenar mi mente y centrarme en la correcta ejecución de los ataques y tener presente mi centro. Continuó la práctica con otros aikidokas, hasta que llegada la técnica de Shomenuchi-Ikkyo y coincido con Rafa (“falito”). La verdad que su ataque era con ganas y sincero, por lo que más que de centro tiré de brazos, mal por mi parte.

Y llegó el segundo momento del curso, el Maestro ENDO apareció de repente y detuvo nuestra práctica y con energía y algo de enfado repitió el gesto que estaba realizando al hacer Ikkyo. Sólo con ver sus gestos y sus movimientos me percaté que estaba metiendo fuerza y no centro en mi práctica. Señaló a Rafa y éste le lanzó un par de Shomen, y sin nada de fuerza lo lanzó al tatami. Conmigo paso ídem de lo mismo.

El Maestro se alejó de nuestra zona y el compañero Rafa y yo continuamos con la práctica. Estaba contento por haber podido tocar de nuevo al Maestro, pero a la vez me sentía un poco frustrado por haberme dejado llevar por mi fuerza y no por lo que el Maestro llevaba explicando y recordándonos desde el inicio del curso “CENTRO”.

De repente, llegó el momento culmen del curso. El Maestro detuvo la práctica y todos nos colocamos en seiza, formando un círculo alrededor de él para atender a sus explicaciones. La verdad, había varios aikidokas delante mía y entre el centro donde se encontraba el Maestro y donde estaba yo podría haber unos 10 metros de distancia. Todavía no me explico como, pero comenzó a buscar con la mirada y al contactar con la mía sabía que era el elegido. Aquello fue como cuando se rompe una presa o estalla un geiser, todo mi interior se inundó de una gran emoción, alegría y responsabilidad. Me incorporé tan rápido como pude y me coloqué frente a él.

Quería pero no podía atender a las palabras que traducía el sensei Pepe Jesús, mi mente y todos mis sentidos estaban centrados en el Maestro, la sensación fue como si todo el mundo desapareciera a mi alrededor.

Lancé mi primer Shomenuchi con todo mi ser, pero conforme mi brazo iba acercándose al Maestro mi percepción era que perdía velocidad antes de incluso haberme tocado, cuando sus manos tocaron mi brazo solo percibí vacío y como rápidamente era proyectado hacía el tatami a la vez que escuchaba al Maestro decirme en inglés “Soft”. Me incorporé rápidamente y me preparé para lanzar otro golpe, al hacerlo el Maestro detuvo mi brazo como si nada y en vez de proyectarme cogió mi brazo he intentó girarlo pero mediante la fuerza, explicando lo que anteriormente me había corregido.

Volví a lanzar un par de shomenuchis al Maestro y sentí lo mismo que al principio, una retención en la velocidad de mi golpe, un gran vacío al impactar con sus manos y sin más verme proyectado en el tatami.

Una vez terminó, saludé al Maestro y me retiré del centro rápidamente. Concluida la explicación, se dieron 5 minutos de descanso, varios compañeros musbos se acercaron a preguntarme que había sentido, no pude apenas comentarles nada pero creo que mi cara lo decía todo.

Continuamos la práctica con Ryotedori Tenchinage y Ryotedori Ikkyo, Después de practicar con el Maestro me sentí muy confiado en mi práctica y para nada percibía el problema de las piernas, fue una sensación fantástica. Nuevamente practiqué en dos corros con el Maestro, fue el colofón a un día inolvidable.

Dieron las 19 horas la tarde de curso terminó por ese día, todavía quedaba la mañana del Domingo para poder seguir disfrutando. Mientras doblaba mi hakama algunos compañeros me preguntaron que tal la experiencia y la verdad me quede sin palabras, me decanté por asimilarla y revivirla en mi cabeza.

Una vez me cambié, subí las gradas como un niño que acaba de recibir su regalo de cumpleaños. Al llegar a la salida me encontré con nuestro “chen”, me preguntó que tal me había ido y me comentó que le había dicho al Maestro ENDO que en el dojo me decía “Hulk”, no recuerdo en verdad que respondí pero si que lo abracé con toda mi alma, quise agradecerle todo lo que había vivido gracias a él, a los compañeros del dojo y al aikido.

Esa noche no dormí todo lo que hubiera deseado, necesitaba ordenar en mi cabeza la tarde que había vivido y experimentado y la “borrachera” de aikido recibida.

La mañana de domingo llegó, y con ella el curso tocaba a su fin, por lo menos para mí, ya que el curso continuaba dos días más para los Yudansha.

Llegué al pabellón algo cansado pero con las pilas cargadas para aprovechar aquella última mañana de curso. La clase se me pasó en un abrir y cerrar de ojos, no se si por lo a gusto que me encontré durante la práctica con los compañeros, que también influyó, o por la nube en la que seguía sumergido después de la experiencia vivida en la tarde del sábado.

Sobre la una de la tarde finalizamos la práctica, nos colocamos en seiza y el Maestro ENDO se colocó delante del Kamiza para hacer la entrega de diplomas a los diferentes grados Yudansha. Concluida la ceremonia de entrega de diplomas, despedimos la clase y con ello finalizó el curso para mí. Felicité a todos los compañeros del dojo que habían sido diplomados y nos hicimos unas fotografías para el recuerdo.

Me despedí de los compañeros y abandoné aquel pabellón donde había experimentado uno de los sucesos más asombrosas de mi vida, algo que no esperaba ni por asomo, y no me refiero sólo a la práctica sino a la experiencia mística.

Por eso he dedicado unos instantes a reflexionar y plasmar un pequeño resumen de todo lo vivido, algo que me ha quedado grabado en lo más profundo de mí ser.

Agradecer a nuestro Maestro Luis el haberme dado la oportunidad de haber podido vivir esta gran experiencia, primero por aceptarme como alumno, por transmitir y hacernos sentir el Arte del Aikido como lo hace cada día en sus clases y por ser un Gran Maestro y mejor persona. Además de a todos los que formáis la familia “musubi” y que gracias a vuestra práctica y paciencia con éste que suscribe he podido adquirir los conocimientos mínimos para poder disfrutar de este curso. Y por supuesto al gran Maestro Endo Seishiro, por visitar nuestra tierra y obsequiarnos con su sabiduría.

Autor: Jose Jiménez