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Extracto de Introducción de “Aikido” – Tamura Noboyushi, 1986

“Aikido” – Tamura Noboyushi, 1986


Para comprender la cosmogénesis, podemos de una manera indiferente recurrir a la tradición, o a la ciencia moderna, pues en efecto, tanto la una como la otra conducen al mismo punto: al punto paradoxal, donde se unen lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño. Recurriendo a una obra literaria, por ejemplo, se pueden observar dos actitudes: la del lector que se contenta con leer el libro e instruirse y la del autor, creador de la obra.

Si bien es posible dividir el Todo para analizarlo parte por parte, es imposible con cada parte reconstituir el Todo. Un tazón roto, aunque sea pegado tan perfectamente como sea posible, jamás será el mismo. Reconstituida perfectamente, una hoja cortada en trozos, jamás volverá a estar viva.

El hombre ha salido en un principio del Gran Universo y en tanto que tai, participa de la vida de este Universo; es fragmento del Universo y este fragmento no puede conocer la totalidad del Universo, porque la fuerza de conocimiento que le empuja a saber no es de su propiedad, sino que pertenece al Universo. Sin embargo, el hombre que rechaza el ego y se une a la totalidad se convierte en Universo, respira con el Universo. Convertido entonces en totalidad, puede conocerse.

Desde siempre, la educación japonesa tiende a la realización de esta unión.

"Conócete a ti mismo"
 ¿hay alguna cosa más simple y a la vez más difícil?

¿No se puede decir que, puesto que el hombre no se conoce, la humanidad está corrompida y que de este cuerpo corrompido, se escapan los humores purulentos que son las querellas, las crisis, el odio, la guerra? El deber más urgente para la educación es el inculcar a los hombres el conocerse a sí mismos. Creo que la educación japonesa tradicional estaba orientada en este sentido. Sería bueno, quizás el buscar para reencontrar esta tradición, el situarla en plena luz y el confrontarla con la educación actual para el mejor bien posible.

Conocerse a si mismo, significa que cada uno de los elementos que forman la totalidad conoce su especificidad y vive al máximo de su potencialidad, y que por lo mismo hace vivir a la totalidad. Lo que quiere decir que estos elementos proceden de la totalidad; que los elementos no tienen vida fuera de la totalidad y que ésta no existe sin los elementos que la constituyen.

Si digo: "El Universo estaba ahí", es porque una parte del Universo existía, y yo, que soy una parte del Universo, estaba ahí. Si ver el comienzo de los seres implica alguien que ve y alguien visto, esto significa que hay dos mundos. Es una contradicción de la que hay que tomar conciencia.

O Sensei dice "No tengo enemigos. Hago mi respiración de la respiración del Cielo y de la Tierra. La estructura del Universo esté en el interior de mi cuerpo. Cuando tomo un sable, el sable y yo no hacemos más que uno". O Sensei habla así a menudo, empleando fórmulas parecidas para explicar su sentimiento de unidad con el Universo, la conciencia de la existencia de las estructuras del Universo presentes en el. Se notaba que vivía este estado.

Ahora que tenemos una idea de lo que es "Bu", es preciso saber cual es su finalidad. El sentido general de Bu, es el de desarrollar su propia potencia de proteger el cuerpo, de abatir al adversario, etc.,
O Sensei dice:

 "Construir y formar hombres verdaderos, auténticos, sinceros son los fines de Bu".

¿Pero que es un hombre verdadero, auténtico, sincero? Es un hombre que trabaja con sinceridad, que modela su cuerpo y su espíritu para desarrollarlos, reforzarlos, realizar su unión para alcanzar la unificación total, volverse sin fallos, vigilante y despierto. ¿Como obtener este resultado? Guardando conciencia de que la vida es un momento de excepción, abordando el entrenamiento bajo la forma de grandes pruebas, momentos excepcionales, de una ruda ascesis: errando por la frontera de la vida y la muerte para finalmente situarse más allá de la vida y de la muerte.

Cara a la muerte, cualquiera que sean las dificultades, es preciso, cotidianamente, permanecer tranquilo, impávido, sonriente. Alcanzado este estado, aparece el hombre verdadero que ha practicado Bu. Habiéndose vuelto un hombre verdadero, si creemos haber alcanzado Bu, nos equivocamos, porque siempre hay un más allá. Sin embargo, hace falta primero llegar al estado de hombre verdadero, tomar conciencia de la verdad del Universo, poder hacerla aparecer y experimentarla. Dicho de otra manera, para regir el Universo; hay que concertar la respiración con el soplo del Universo, hay que tomar en uno mismo, en el mismo vientre, la sociedad.

Después, según las palabras de O Sensei: "Regir el mundo, volver a poner en la vía aquello que se aparta de la ley del Universo, propagar la vía para mostrar la verdad'. Más simplemente, por Bu, que es una práctica que está en la frontera de la vida y de la muerte, realizamos la unidad del cuerpo y del espíritu; aparece entonces el hombre verdadero, iluminado, impávido que se sitúa a partir de ahora más allá de la Vida y de la muerte, capaz del juicio justo, por lo tanto capaz de regirse como de regir el mundo.

Tal es la finalidad de Bu. Si reemplazáis Bu por Aikido, comprenderéis entonces lo que es el Aikido, y su finalidad. Es lo que hay que saber antes de comenzar el estudio del Aikido. Si lo ignoráis, os apartaréis cada vez más de la finalidad fundamental a medida que avancéis en vuestro trabajo. Es una verdad que debéis guardar constantemente en lo más profundo de vuestro corazón.

O Sensei dice que la sociedad está gobernada por los hombres; que el Universo existe porque el hombre existe; que si cerráis los ojos, todo desaparece, que si os desembarazáis de vuestro ego y de vuestros deseos, el Universo entero os pertenece. Se dice que la vía que conduce a este espíritu, confundiéndose con la vía del cuerpo, da lugar al nacimiento del Aikido. Ya que O Sensei lo dice, yo digo y pienso, que es ahí donde comienza el Aikido.

O Sensei dice incluso: "El Aikido es una manifestación de la Verdad. "El Aikido es el camino que une a los hombres, que los trae a la unión; por lo mismo, cualquiera que sea el arma que ataque, el Aikido conduce a la unión con el arma". "El Aikido apacigua la cólera por la risa", El verdadero Aikido no puede ser de otra manera. O Sensei se sirve a menudo de este poema para explicar brevemente el Aikido:

¡OH! La belleza
De las formas de este Universo
Que el Creador ha concebido como una sola casa
Si entendéis lo que acaba de ser dicho y escrito
y lo integráis en vuestra práctica del Aikido,
¿no comprenderíais mejor y más rápidamente lo que es el Aikido?

Menos Filosofía y más Virtud. ¿¿Filosofía Oriental u Occidental??


Aunque el cuerpo entero de espartanos y tespios demostró un extraordinario valor, sin duda el más bravo de todos ellos fue el espartano Dienekes. Se dice que, en la víspera de la batalla, un tracio le contó que los arqueros persas eran tan numerosos que cuando lanzaban sus andanadas la masa de las flechas ocultaba el sol. Dienekes, sin embargo, en modo alguno intimidado ante la perspectiva, comentó con una carcajada: «Bien. Así podremos luchar a la sombra».

HERODOTO, Historia

Toda mi vida —empezó a decir Dienekes— me ha acosado una pregunta: ¿qué es lo opuesto al miedo?.  Llamarlo aphobia, sin miedo, carece de significado. No es más que un nombre, tesis expresada como antítesis. Llamar al opuesto del miedo sin miedo es no decir nada. Yo quiero conocer su verdadero re­verso, como el día lo es de la noche y el cielo de la tierra.

—Expresado como positivo —aventuró Aristón.

—¡Exactamente! —Dienekes miró al joven a los ojos en señal de aprobación. Se interrumpió para examinar la expresión de ambos jóve­nes. ¿Escuchaban? ¿Les importaba? ¿Eran, como él, auténticos estu­diantes de ese tema?

—¿Cómo conquista uno el miedo a la muerte, el más primordial de los terrores, que reside en nuestras células, como en toda la vida, en las bestias y en el hombre? —Señaló hacia los perros—. Los perros en manada encuentran valor para atacar a un león. Cada perro conoce su lugar. Teme al perro que es superior a él y aparta el miedo al que es inferior. El miedo conquista al miedo. Así es como lo hacemos los espartanos, contrapesando el miedo a la muerte con un miedo mayor: el del deshonor. De la exclusión de la manada.

Suicidio aprovechó este momento para arrojar las sobras a los perros. Éstos se lanzaron con furia a la comida y el más fuerte cogió la parte del león.

Dienekes sonrió sombríamente.

—Pero ¿esto es valor? ¿No es actuar por miedo al deshonor, en esencia, actuar por miedo?

Aléxandros preguntó adónde quería ir a parar.

—A algo más noble. Una forma superior del misterio. Pura. Infa­lible.

Declaró que en todas las demás cuestiones, se puede buscar la sa­biduría de los dioses.

—Pero no en asuntos de valentía. ¿Qué tienen que enseñarnos los inmortales? Ellos no pueden morir. Sus espíritus no están alojados, como los nuestros, en esto. —Se señaló el cuerpo, la carne—. La fábri­ca del miedo.

Dienekes volvió a mirar a Suicidio y luego de nuevo a Aléxandros, a Aristón y a mí.

—Vosotros los jóvenes imagináis que los veteranos, con nuestra larga experiencia de la guerra, hemos dominado el miedo. Pero lo sen­timos con tanta fuerza como vosotros. Más, porque tenemos más ex­periencia íntima de él. El miedo vive dentro de nosotros veinticuatro horas al día, en nuestros nervios y nuestros huesos. ¿Digo la verdad, amigo mío?

“Remendamos nuestro valor allí donde estamos, con retales y harapos. La mayor parte la sacamos de lo que es la base. El miedo a deshonrar la ciudad, al rey, a los héroes de nuestro linaje. El miedo a demostrar que no valemos nada ante nuestras esposas e hijos, nues­tros hermanos, nuestros compañeros de armas. Por mi parte, conozco todos los trucos de la respiración y la canción, los pilares del tetrathesis. Las enseñanzas de la phobologia. Sé cómo pelear con un hombre, cómo convencerme de que su terror es mayor que el mío. Quizá lo es. Tengo cuidado de los soldados que sirven a mi mando y procuro olvidar mi propio miedo en bien de su supervivencia. Pero siempre está ahí. Lo más que he llegado a acercarme es cuando actúo pese al terror. Pero tam­poco es eso. No es éste el tipo de valor del que hablo. Tampoco es una furia bestial o el pánico que despierta nuestro instinto de supervivencia. Esto es katalepsis, «posesión». Una rata la tiene igual que un hombre.”

Observó que a menudo los que tratan de vencer el miedo a la muerte predican que el alma no expira con el cuerpo.

—Para mí eso es fastuosidad. Espejismos. Otros, sobre todo bárba­ros, dicen que cuando morimos pasamos al paraíso. Yo les pregunto: «Si de verdad lo creéis, ¿por qué no hacéis algo para acelerar vuestro pro­pio viaje?»

»Aquiles, cuenta Homero, poseía verdadera andreia. Pero ¿era así?. ¿Vástago de una madre inmortal, sumergido cuando era un niño en las aguas de la laguna Estigia, consciente de que, salvo por su talón, era invulnerable? Los cobardes serían más escasos que los peces con plumas si todos lo supiéramos.

( parte del entrenamiento de los espartanos iba dirigido a la pérdida del miedo, o más bien al control de los efectos que producía el miedo, se buscaba la esoterike harmonía, el estado de serenidad que los ejercicios de phobologia tienen que producir. Como una cuerda de cítara que vibra con pureza y emi­te sólo la nota de la escala musical que le corresponde, así el guerrero individual debe despojarse de todo lo que es superfluo en su espíritu hasta que él mismo vibra en esa sola nota que su daimon individual le dicta. La búsqueda de este ideal, en Lacedemonia, prosigue en el cam­po de batalla, más allá del miedo; se considera la suprema encarna­ción de la virtud, andreia, de un ciudadano y hombre.)

Aléxandros preguntó si alguien en la ciudad, en opinión de Dienekes, poseía esa auténtica andreia.

—De todos los lacedemonios, nuestro amigo Polínices es el que se acerca más. Pero incluso su valor me parece insatisfactorio. Él no pe­lea por miedo al deshonor, sino por ambición de gloria. Esto quizá sea noble, o al menos nada ruin, pero ¿es auténtica andreia?

Aristón preguntó si ese gran valor en realidad existía.

—No es ningún fantasma —declaró Dienekes con convicción—. Yo lo he visto. Mi hermano Iatrocles lo poseía en algunos momentos. Cuan­do hacía gala de él, yo lo miraba sobrecogido. Irradiaba, era sublime. En aquellas horas no peleaba como un hombre sino como un dios. Leónidas en ocasiones lo posee. Olimpios no. Yo tampoco. Ninguno de los que estamos aquí lo poseemos. —Sonrió—. ¿Sabéis quién posee esa forma pura de valor más que nadie a quien yo haya conocido?

Nadie en torno a la fogata respondió.

—Mi esposa —dijo Dienekes. Se volvió a Aléxandros—. Y tu madre, Paraleia. —Volvió a sonreír—. Eso nos da una pista. Sospecho que la clave de ese valor superior radica en ser mujer. Las palabras mismas que describen el valor, andreia y aphobia, son femeninas. Quizá el dios que buscamos no es un dios sino una diosa. No lo sé.

Se veía que hablar de esto le hacía bien a Dienekes. Dio las gra­cias a sus oyentes por permanecer tan callados.

—Los espartanos no tienen paciencia para estas preguntas. Re­cuerdo que una vez le pregunté a mi hermano, en una campaña, un día en que él había peleado como un inmortal. Yo estaba loco por saber qué había sentido en aquellos momentos, cuál era la esencia de lo que había experimentado. Él me miró como si me hubiera vuelto loco. «Menos filosofía, Dienekes, y más virtud.»

Se rió.

—¡Y nada más!

¿¿¿ Miedo ???

Por mi parte solo puedo decir que el texto de Puertas de Fuego (pincha para leer el texto) nos sirve de reflexión sobre la importancia del miedo en todo lo que hacemos, Teresa de Calcuta consideraba, y que yo comparto, que el mayor obstáculo es el MIEDO. Miedo a fracasar, miedo a lo desconocido, miedo a lo conocido, miedo a perder algo, a alguien, en alguna cosa que nos propongamos, y tantos otros. Y según la psicología cognitiva, o conductual, no me acuerdo bien, todos nos movemos, en la búsqueda de la superación personal a través de dos impulsos:



1. Miedo al fracaso o 

2. Afán de logro, como podemos encontrar también en este pasaje del libro.



A mi modo de ver nuestra educación, a través de nuestros padres y resto de familiares, nuestro entorno, nuestro centro educativo, nuestros amigos y amigas, y demás factores que influyen en ella, van consiguiendo que llenemos la mochila del miedo que llevamos a cuestas para el resto de nuestra vida,  si no hacemos nada para vaciarla. Esta carga nos pesa, no nos deja avanzar con la fluidez que lo haríamos si no la tuviésemos, pero no podemos descargarla de una vez, debemos de ir sacando piedra a piedra, e incluso algunas piedras deberemos fragmentarlas para que salgan poco a poco.



Por suerte para todos la vida nos da las herramientas necesarias para hacerlo, lo que ocurre que a veces no queremos utilizarlas, muchas de ellas por MIEDO, un miedo a perder ese peso y que no sepamos andar sin él. Otras veces no sabemos utilizarlas, y necesitamos ayuda para conseguirlo, esta ayuda se expresa de diversas maneras, en mi caso me ha llegado, entre otras, a través de la práctica de un arte marcial, EL AIKIDO. El Aikido puede conseguir que tomemos conciencia de esos miedos, de esas piedras, de ese lastre que llevamos a cuestas, y puede conseguir que tomemos la determinación de que queremos perderlo, y puede conseguir dar las herramientas para extraer estas piedras de la mochila, y podemos a través de una práctica continuada, rigurosa y respetuosa descubrir como usar esas herramientas.



Como encontramos en el diálogo de Dienekes, el más básico de los miedos, que se encuentra impreso en nuestras células es el Miedo a perder la Vida, apareciendo el instinto de supervivencia, pero como él indica, cuando luchamos por nuestra vida no estamos en una situación donde desaparezca el miedo, sino que es una situación donde el Miedo se exterioriza y nos hace actuar, pero lo hace como indica el autor en un estado de katalepsia, de “posesión”, no de LIBERTAD, de liberación del mismo.



A lo largo de mi vida el único instinto que genera esa pérdida de este miedo, que me atrevería a decir que es el único miedo justificado, es cuando un Padre o una Madre sienten que peligra la vida de un hijo e incluso alguien hacia un ser querido, y se despojan del mismo para salvar la vida de otro, y aquí encuentro yo la clave, pues el opuesto del Miedo, podríamos encontrarlo en el AMOR, pero este sería un AMOR INCONDICIONAL, y se puede deducir que si este tipo de Amor es capaz de suprimir este miedo, debería de poder suprimir cualquier tipo de miedo, por lo cual la búsqueda quizá deberíamos llevarla en este sentido, para que tanto en nuestra vida como en nuestra práctica de Aikido podamos sacar cada vez más piedrecitas de la mochila y avanzar más ligeros. Quizá sería interesante intentarlo como indicaba Iatrocles, hermano de Dienekes a través de “Menos filosofía y más virtud”. Nada más.



Tras estas palabras quiero agradecer a Gilles, por haberme colocado en este camino y por haberme descubierto un modo de extraer piedras, a Rafael Tejero por continuar con el testigo dejado por el mismo, a Luis Mochón por ser el actual portador del testigo, a Mario Vega, por ser el inspirador de estas conclusiones, y a todos aquellos compañeros y compañeras tanto del Aikido como de fuera que han soportado y ayudado a que hoy posea menos piedras que en el pasado, y colaboran a que sigan desapareciendo.


¿ Y por qué no?

Últimamente se me acerca mucha gente a preguntarme que cual de las artes marciales que conozco es más efectiva, que cual practicaría para complementar el Aikido, y es en ese momento en el que descubro la grandeza del ser humano.

Claro, muchos os preguntaréis porque indico la grandeza y no todo lo contrario y es sencillo, pues la pregunta nos lleva a la respuesta y la respuesta es BUDO.

El Budo es el camino que nos lleva a la respuesta a esta pregunta, y lo es porque es del todo inevitable darse cuenta de que cualquier arte marcial que se practique como un Budo es la más efectiva y por supuesto completa totalmente. No necesita de otras disciplinas para completarse y que un artista marcial se lo plantee hace que menosprecie la sabiduría de todos aquellos maestros que han dedicado su vida a esa vía.

La cuestión es que entonces, ¿ el Budo que practicas es el mejor?, y volvemos a la grandeza, pues que es mejor o peor, quien lo sabe, quien puede afirmarlo categóricamente, quien es ese ser que puede determinar lo mejor para cada uno de los seres vivientes, y para cada persona en concreto en todas las etapas de su vida.

Apoyándome en la enseñanza de grandes maestros, podríamos decir que lo que hace que le Budo que practica alguien sea mejor o superior al que practica otra persona es simplemente eso, la persona, las características de la misma, el buen uso que haga de las mismas y sobre todo el uso que haga de la sabiduría, conocimientos y movimientos que le otorga un Budo. Este será una vía de perfección, que nos llevará a ser mejores que nosotros mismos a cada momento y debemos preguntarnos si en el momento que esto se pierda, ¿será el momento en el que nos estamos saliendo del Camino?.

Continuación de Maestros de Artes Marciales

En general, tanto en China como en Japón se creó la imagen del gran maestro (humano o duende) de artes marciales, que se había desvinculado del mundo establecido, y cuyas técnicas marciales eran poderosísimas. Estos maestros solamente aceptarían como discípulos a gente cuyo corazón fuera bueno, y sus motivos, puros. La rebeldía del discípulo (usualmente, un joven) se iría diluyendo al alcanzar los conocimientos de su maestro. El romanticismo que emana de estos relatos orientales todavía emociona a los chinos y a los japoneses, aunque ahora las historias ya no son relatos de los ancianos, sino del cine, la televisión y el cómic.


Las artes marciales en Oriente siempre han sido una cuestión de interacción entre maestro y alumno. El alumno solía ser el ayudante, sirviente y compañero de aventuras de su maestro. Claro está, cuando las enseñanzas se daban en un RYÛ (o en su correspondiente chino), los alumnos solían vivir en él, tener pocas aventuras y tener que servir mucho. Las lecciones ocupaban poco tiempo, y el alumno tenía que hacer mucho entrenamiento propio que servía para interiorizar totalmente las "llaves" (los KATA) que se le iban enseñando. Recordáis aquello de "Nada más te enseñaré por hoy. Vacía tu mente de preguntas" ??? Así eran los entrenamientos en artes marciales.


El componente espiritual de las artes marciales no es necesario decir de donde sale. Decir "artes marciales" es decir "KI" . Todos los maestros conocían este concepto y creían firmemente que gracias a su técnicas se conseguía el dominio (parcial o total) de sus poderes. La meditación y la oración eran muy importantes para conseguir la necesaria armonización con la Energía Universal, además del entrenamiento propiamente dicho. Todos los maestros practicaban activamente el Budismo, el Sintoísmo o el Taoísmo.


Y es que, dentro de las artes marciales se diferencia perfectamente lo que son las simples técnicas marciales (JUTSU, en japonés) de la vía tanto marcial como moral que eran las artes marciales (DÔ, en japonés). Así se puede comprender que las técnicas marciales existentes hasta mediados del siglo pasado en Japón, se conocieran como JÛ-JÛTSU, mientras que el arte marcial creado por el Ô-SENSEI (gran maestro) JIGORÔ KANÔ basándose en esas técnicas sea el JÛ-DÔ. El JÛ-DÔ bien entendido no es sólo un conjunto de técnicas marciales, sino un verdadero código moral de conducta. Precisamente porque no había término para llamar a las vías marciales y morales (Sólo existía el término JÛ-JUTSU, pero era para las técnicas, solamente, como hemos dicho), se creó la palabra BÛ-DÔ ("Vía del guerrero"). El AIKI-DÔ, el arte marcial más espiritual y más preocupado por los temas morales, se considera el máximo sucesor del BÛ-DÔ.

La moral que subyace a todas las artes marciales es sencilla en palabras, pero difícil en la práctica: la DEFENSA. El practicante no debe nunca atacar, sino defenderse y defender la paz y la vida. "Si se empieza a pelear, hay que ganar, pero pelear no es el objetivo. El arte marcial es el arte de la paz, y el arte de la paz es el más difícil: Vencer sin pelear", según las palabras de uno de los maestros de artes marciales del Japón de este siglo(Ueshiba, Morihei). Esto lo entendieron perfectamente los monjes SHAOLIN, los primeros verdaderos practicantes de las artes marciales, cuando vieron el mal uso que algunos malos monjes dieron a las técnicas marciales. Igual que la mayoría de las técnicas marciales nacieron de SHAOLIN, el código ético también dio sus primeros pasos después de aquella lección.

Según la tradición "Los grandes maestros nunca explican con palabras lo que saben, y un alumno debe llegar a su más alto grado de posibilidades por su sola intuición interior; debe actuar mucho más con el espíritu que con las manos, y presentir lo que está de acuerdo con la armonía universal de las cosas. El que se convierte en maestro capta esta armonía como una especie de música inherente a su ser. Por eso, un gran maestro no puede nunca librar un combate con sentimientos de rabia o de odio; debe estar incluso por encima del deseo de ganar o del miedo a morir, y su estado interior debe ser, pase lo que pase, como agua en calma. La espada que corta rompe la desarmonía que hay en él, y el propio maestro no ha matado a nadie, es el adversario quien se ha hendido con su espada". Estas palabras del experto francés en artes marciales, MICHAEL RANDOM (LA ESTRATEGIA DE LO INVISIBLE. Eyras, 1988), sirven de perfecto remate a este epígrafe, ...

Maestros de artes marciales desde Star War

Estos maestros eran caracterizados como viejos ermitaños, que se solían mostrar huraños o locos ante la gente con la que se encontraban, pero que cuando se encontraban con el protagonista, acababan viendo su buen corazón y enseñándoles sus técnicas marciales secretas (Hay que tener en cuenta que el protagonista de estos relatos solía tener alguna venganza entre manos, para la cual esas técnicas marciales resultaban muy útiles), mostrando así tanto su gran inteligencia como su gran poder.

En general este esquema de relato popular ha sido muy usado en China, y todavía es la base para la mayoría de los guiones del cine y del cómic chino de artes marciales. Por otra parte, este estereotipo no nos puede ser más conocido, pues es la viva imagen de Yoda.

En Japón, como en China, este estereotipo también tiene mucha fuerza, como veremos. En el archipiélago, a las primeras técnicas marciales creadas por los SÔHEI se les unieron las técnicas que llegaron posteriormente de China durante el KAMAKURA JIDAI (1185-1333) y se fueron estructurando así las artes marciales japonesas (El BUDÔ y el JÛ-JUTSU) que se diseñaron primeramente para el uso de los SAMURAI. Así se formaron las primeras RYÛ, las escuelas japonesas de artes marciales, que nacieron auspiciadas por los DAIMYÔ, los señores feudales, para entrenar a sus guerreros SAMURAI, o también por los templos y santuarios religiosos (budistas y sintoístas) para que sus monjes pudieran defenderse de los enemigos (Aunque no eran "monjes guerreros" como los SHAOLIN o los SÔHEI, la mayoría de los religiosos nipones tenían cierta formación en artes marciales para poder enfrentarse con los peligros que había en un país tan inseguro como el Japón de esas épocas).

Cuando el Japón fue pacificado después de los esfuerzos de gente como NOBUNAGA (que ya conocemos como el destructor de los SÔHEI), se inició la EDO JIDAI (1600-1868) donde muchos SAMURAI se convirtieron en RÔNIN, al quedarse sin señor al que servir. Una de las ocupaciones de estos RÔNIN fue la de profesor de artes marciales, fundándose así muchas nuevas RYÛ por todo Japón. De hecho, la época EDO es muy popular por los enfrentamientos entre RYÛs (o entre MAESTROS, si estos no tenían escuela propia) para ver quién tenía mejor estilo de lucha. Esto último nos permite entender porque en el Japón de esas épocas, por los caminos se podían encontrar RÔNIN y monjes, cuyas habilidades marciales eran impresionantes.

Así es como en la imaginación supersticiosa del Japón rural se fueron formando incontables leyendas y relatos sobre extraordinarios seres con enormes poderes y gran maestría en las artes marciales. Los NINJA (espías y asesinos profesionales), por ejemplo, se aprovecharon de toda esa imaginación, y se rodearon del halo de misterio que todavía los envuelve en Oriente y Occidente. Por otro lado, ciertos monjes ermitaños que practicaban las artes marciales dieron origen a las leyendas de los TENGÛ, unos demonios que vivían en los grandes bosques y que se les suponía un total conocimiento de las artes marciales (y, por lo tanto, unos inmensos poderes). Estos TENGÛ serían los maestros de algunos personajes (míticos o históricos) en materia de artes marciales, según los relatos populares nipones. Yoda también podría pasar por un TENGÛ.

En general, tanto en China como en Japón se creó la imagen del gran maestro (humano o duende) de artes marciales, que se había desvinculado del mundo establecido,... 

Artes Marciales desde Star Wars (La Guerra de las Galáxias)

YODA Y LOS MAESTROS DE ARTES MARCIALES
Antes de empezar a hablar sobre los maestros de artes marciales, debemos comentar que el nombre de Yoda es un nombre japonés normal y corriente (También puede encontrarse como apellido). De hecho, existe la anécdota de un sociólogo americano que no se creía que un colega japonés se llamaba Yoda. Obviamente, creía que era una broma.
Nuestro Yoda no es sociólogo, sino que es el estereotipo perfecto de los maestros de artes marciales orientales. Empecemos de nuevo en la China de los primeros monjes SHAOLIN, cuando las artes marciales empezaron a florecer. Allí, los monjes se convirtieron en los primeros maestros de artes marciales, cosa que era de capital importancia dentro de la orden, pues se estructuraba sobre la maestría en los artes marciales: Los grados SHAOLIN eran APRENDIZ, DÍSCIPULO y MAESTRO, y ser MAESTRO significaba tener unos conocimientos enormes en técnicas marciales (De hecho, para pasar de un grado a otro había que pasar unos exámenes. . . de ARTES MARCIALES). Los templos de SHAOLIN sirvieron, además, como academias de artes marciales que enseñaban a los militares, a los cortesanos y a otras gentes, lo que permitió que esos alumnos, una vez acabada su formación, crearan sus propios estilos, diferentes a los de los monjes. Así pudieron aparecer otras escuelas de artes marciales y los maestros que preferían vivir retirados en las montañas y en los bosques, alejados de la civilización y viviendo como ermitaños. En los relatos populares chinos nos podemos encontrar con mucha frecuencia a estos últimos, seguramente por el misterio que les rodeaba.
Estos maestros eran caracterizados como viejos ermitaños, que....., continuará

Un momento de crisis??

Existen momentos en la práctica del Aikido, al igual que en el resto de procesos de aprendizaje, y sobre todo de aprendizaje motor, en los cuales uno se lo cuestiona todo, en los que todo lo cuestiona a uno y son esos momentos los que marcan la diferencia en la evolución del mismo.


Es habitual encontrarse ante la tesitura de que si lo que uno sabe es suficiente, en el dilema de que si el modo de aprendizaje, la atención selectiva que prestamos a ciertos elementos de la práctica o incluso si el método de enseñanza que seguimos son los adecuados en nuestra evolución. Y yo digo que pamplinas, que todo ello son precisamente los miedos que no nos dejan seguir evolucionando, esos miedos que en cada uno de nosotros se expresan de un modo diferente, pero que a fin de cuentas en todos aparecen con mayor o menor intensidad. Y por favor si a alguien no le ocurrió que me lo diga, me gustaría conocerlo y compartir con él o ella mi experiencia y sobre todo que el comparta la suya conmigo. Pero desde el corazón, ¿cómo deberíamos entregarnos todos a la práctica de algo que disfrutamos, de algo que nos permite evolucionar, de algo que nos engrandece?, por supuesto, nada más que afrontarlo desde el corazón, ese corazón al que se refiere el término “kokoro” en japonés.

Es en realidad la práctica la que nos resolverá todas estas dudas, sobre todo porque en la práctica encontraremos las respuestas a estas cuestiones, y estas cuestiones se resolverán con la práctica, buscando en cada momento el estado de mushin o “no mente”, ese estado mental en que todo esto no tiene cabida, solo estamos nosotros con nosotros mismos, solo está tori y uke, no se necesita más para la práctica del Aiki-do. Por desgracia nuestra mente, o mejor dicho nuestra mente-ego no nos permite librarnos fácilmente de ello y es por eso que el trabajo de este estado mental se convierte en el primer paso para nuestro crecimiento y evolución en la práctica. El primer paso para que todas estas dudas desaparezcan y nos entreguemos en cuerpo y alma a aquello que estamos realizando, sin prejuicios, sin miedos, sin aspiraciones u objetivos prefijados. Practicar en la libertad de la escucha, practicar en la escucha de la libertad. Practicar, practicar y practicar un poco más, y llenarse de la práctica, inundarse de las sensaciones que en ella encontramos, expandirnos un poco para conseguir expandirnos ilimitadamente, comprimirnos todo para conseguir comprimirnos tan solo un poquito.

Extracto de Cosmos. Revista de Saku Dojo (Dojo de Endo Sensei)

“Hasta ahora tengo la continua sensación de que persigo el Aikido como Tao (Camino). Buscar el Tao es buscar profundamente, y los que han venido a saber a través de la práctica del Aikido es que el Tao es simplemente continuar buscando. Incluso así no hay límites a las profundidades que se pueden alcanzar. Alguien puede apuntar sobre algo que parece una meta, pero como el camino es diferente a cada persona, puede no ser una verdadera meta para cada uno.”

El fundador del Aikido Ueshiba, Morihei dijo: “la maestría en el Aikido consiste en librarse del mal de uno mismo, armonizando con los cambios del Universo y los de uno mismo y unificarse con el Universo en uno mismo. El corazón del Universo es “Amor”, tan grande que puede ser encontrado en la esquina más lejana. El Budo de quien no puede armonizar con el Universo no es el verdadero Budo, sino el Budo de la destrucción. El verdadero Budo es el trabajo del “Amor”. No es matar sino trabajar para crear y alimentar todas las cosas.

EXTRACTO DE MUSASHI, LA LEYENDA DEL SAMURAI

Cayó la noche…, cuando todos los demás dormían profundamente Takuan dejó el libro que estaba leyendo, se puso los zuecos y salió al patio.
- ¡Takezo!- gritó.
Muy por encima de su cabeza se agitó una rama y cayeron algunas brillantes gotas de rocío.
- ¿Qué quieres monje bastardo?- contestó fieramente el prisionero.
- Desde luego aúllas con brío para ser un hombre a las puertas de la muerte….,
- Déjate de cháchara, Takuan. Córtame la cabeza y acabemos de una vez.
- ¡Oh no!, ¡no tengas tanta prisa! Uno ha de andarse con cuidado en asuntos tan arriesgados…
- ¡Muy bien, mírame sucio perro callejero!, ¡ Te demostraré lo que soy capaz de hacer si me lo propongo!
Entonces haciendo acopio de fuerzas Takezo empezó a moverse violentamente, lanzando su peso arriba y abajo hasta casi romper la rama a la que estaba atado. Fragmentos de hojas y cortezas llovieron sobre el monje, el cual permanecía imperturbable aunque quizá con una impasibilidad un tanto afectada.
Calmosamente, el monje se sacudió los hombros y, una vez limpio de aquella broza alzó de nuevo la vista.
- ¡Así me gusta, Takezo! Es bueno enfadarse tanto como tú lo estás ahora. ¡Adelante! ¡Experimenta tu fuerza al máximo, muestra que eres un hombre de verdad, enséñanos de qué madera estás hecho! Hoy en día la gente considera una señal de sabiduría y carácter la capacidad de controlar su ira, pero yo digo que son unos necios. Detesto ver a los jóvenes tan comedidos, tan formales. Tienen más temple que sus mayores y deberían demostrarlo. ¡No te reprimas, Takezo! ¡Cuánto más te enfurezcas tanto mejor!
- ¡Espera Takuan!, ¡espera!¡ Si he de romper esta cuerda con los dientes, lo haré sólo para ponerte las manos encima y descuartizarte!.
- ¿Eso es una promesa o una amenaza? Si crees de veras que puedes hacerlo me quedaré aquí esperando. ¿Estás seguro de que podrás seguir así sin matarme andes de que se rompa la cuerda?
- ¡Cállate!- gritó Takezo con la voz enronquecida.
- ¡Vaya Takezo eres fuerte de veras! El árbol entero se balancea. Pero siento decirte que no noto temblar la tierra. ¿Sabes? Tu problema es que, en realidad, eres débil. Tu cólera no es más que rencor personal. La cólera de un hombre de verdad es una expresión de indignación moral. La ira por motivos emocionales no es propia de los hombres.
- Ya falta poco- le amenazó-. ¡Iré directamente a tu garganta!
Takezo siguió esforzándose, pero la gruesa cuerda no mostraba señal alguna de debilitarse. Takuan le miró durante un rato y luego le ofreció un consejo amistoso.
- ¿Por qué no te tranquilizas, Takezo? Así no llegarás a ninguna parte. Sólo lograrás extenuarte, ¿y de qué va a servirte eso? Por mucho que te muevas y contorsiones, no lograrás romper una sola rama de este árbol y mucho menos hacer mella en el universo.
Takezo emitió un fuerte gemido. Su berrinche había terminado. Se daba cuenta de que le monje tenía razón.
- Me atrevería a decir que toda esa fuerza estaría mejor encauzada si trabajaras por el bien del país. Deberías tratar de hacer algo por los demás, Takezo, aunque ahora sea un poco tarde para empezar. Si lo hubieras intentado, habrías tenido ocasión de impresionar a los dioses o incluso al universo, por no mencionar a la gente normal y corriente. ¡Es una lástima, una gran lástima! Aunque naciste humano, eres más bien un animal, no mucho mejor que un jabalí o un lobo…
- ¿Y tú te consideras humano?- le espetó Takezo.
- Escucha bárbaro, desde el principio has confiado demasiado en la fuerza bruta, creyendo que no tienes rival en el mundo. ¡Pero mira dónde estás ahora!
- No tengo nada de qué avergonzarme, no ha sido una pelea limpia.
- A la larga, no hay ninguna diferencia. Te vencí con mi ingenio y mi capacidad persuasiva, en vez de hacerlo con los puños. Una vez te han derrotado, derrotado estás. Tanto si te gusta como si no, estoy sentado en esta roca mientras tú cuelgas ahí arriba, impotente. ¿es que no puedes ver la diferencia entre tú y yo?
- Si peleas sucio eres un embustero y un cobarde.
- Hubiera estado loco si hubiera intentado prenderte a la fuerza. Físicamente eres demasiado fuerte. Un ser humano no tiene muchas posibilidades si pelea con un tigre. Por suerte no suele tener que hacerlo, ya que es más inteligente. Pocas personas discutirían el hecho de que los tigres son inferiores a los seres humanos. Lo mismo sucede con eso que consideras tu valor. Tu comportamiento hasta ahora no demuestra que sea algo más que valor animal, de ése que carece de respeto por los valores y la vida humanos. No es la clase de valor propio de un samurái. El verdadero valor conoce el miedo. Las personas honestas valoran la vida apasionadamente, se aferran a ella como si fuese una joya preciosa, y eligen el momento y el lugar apropiados para entregarla, para morir con dignidad. A eso me refería cuando he dicho que es una lástima lo que ocurre contigo. Naciste con fuerza y valor físico, pero te falta conocimiento y sabiduría. Si bien lograste dominar algunos de los aspectos más desafortunados del camino del samurái, no hiciste el menor esfuerzo por adquirir sabiduría y virtud. La gente habla de combinar el camino del aprendizaje con el camino del samurái, pero cuando están adecuadamente combinados no son dos sino uno solo. Hay un único camino, Takezo…

METÁFORA DE LA ESCUCHA


Reflexionando sobre lo que últimamente he empezado a captar del Aikido, y a través de las enseñanzas de los maestros a los que tengo la suerte de disfrutar, como son Luis, Matti, Ariga o por supuesto y no menos importante Endo sensei, he empezado a llegar a una conclusión que me gustaría compartir.

        Todos estos maestros, aunque también otros, comparten la idea de que el Aikido es ESCUCHAR. Sí, escuchar a través del contacto con el otro, a través del punto de conexión con el otro, y sobre todo escuchar a alguien que nos está transmitiendo algo, en este caso a través de una comunicación corporal, no oral.

        Estamos acostumbrados a escuchar con los oídos, y quizá utilizar la metáfora de cómo escuchamos con los oídos me ha servido para entender un poco más la práctica del Aikido. Digo esto pues cuando entablamos una conversación con otra persona nada está predefinido, ninguno de los dos sabe que va a decir, cuando o como, todo va apareciendo en función de las palabras y las reacciones de uno y otro. Por tanto podemos decir que se mantiene LIBERTAD en este proceso de comunicación. 

     En el momento que se pierde esta Libertad no mantenemos una conversación, sino que damos un discurso, esperando que al otro le interese lo que comunicamos, independientemente de que el opine de un modo u otro, le guste más o menos lo que decimos, independientemente de que quiera o no quiera intervenir en el proceso.

        En la práctica de Aikido esta es la tendencia que yo intento seguir (la Libertad), la búsqueda de utilizar el vocabulario que me han enseñado (técnicas, ki-musubi, kimochi, centro,…), para comunicarme con la otra persona y deseando llegar al momento en el que no tenga que pensar en ellas para utilizarlas, al igual que lo hago al hablar con alguien, pues creo que este es el camino para encontrar la LIBERTAD en mi práctica, y sobre todo en mi vida.

        Pero en un proceso de comunicación, ya se sabe, se necesita un emisor y un receptor, por lo que una persona que tiene un vocabulario muy amplio, y un profundo conocimiento de la comunicación (cinética, kinesia, proxémica, paralenguaje, conducta táctil…),  no siempre es un gran comunicador pues necesitamos llevar todo ello a la interpretación de la reacción del receptor, de la persona que está al otro lado del canal de comunicación. En el momento que no lo tenemos en cuenta aparece una persona a la que le gusta dar charlas, no charlar, aparece un pedante que intenta demostrar cuanto sabe, no un maestro que intenta mostrar lo que contiene para que sirva de guía a quien lo quiere aprender.

Y que me perdonen las personas a las que les gusta dar charlas, pues no es mi intención cuestionar sus métodos. Con lo dicho solo pretendo compartir una manera de llevar a cabo la práctica diaria, bien sea con un alumno/a, bien sea con un compañero/a, pues todos somos a la vez aprendices y maestros, bien intencionadamente o de forma involuntaria.

Dicho esto continuo con mi metáfora, pues en la práctica diaria buscamos comunicación, no transmisión unilateral de información, buscamos escuchar, no hablar sin que al otro no le interese lo que estamos diciendo, sino hablar de algo que nos interesa a dos, comunicarnos, y hacerlo de una manera libre.

Aunque claro, esta libertad es más difícil de conseguir que la que conseguimos en las conversaciones, pues en la práctica nuestro “ego” y sus miedos nos impiden conseguirla. Miedo a que se descubra que no somos tan buenos como se piensan, miedo a equivocarnos y que nos tengan que corregir, miedo a estar haciendo algo mal, miedo a la ineficacia de nuestra práctica(que no sería por supuesto a la eficacia del Aikido, ¿o tal vez si?), miedo, miedo, miedo…, miedo a esto o a aquello. Vemos que en las conversaciones nos ocurre igual, aunque estamos tan acostumbrados a hacerlo que ya no le prestamos atención, o ¿a nadie se le viene a la cabeza que cuando habla con alguien a quien conocemos poco nos aparecen los mismos miedos?. Cuando en realidad si alguien mantiene una conversación con nosotros o por otro lado está practicando con nosotros, partimos de la base que le interesa (o lo normal es que le interese) aquello que decimos, como lo decimos,…, y si nos equivocamos, a ambos nos servirá para aprender algo nuevo.

Puede que al hacernos conscientes de ello, consigamos “liberarnos” un poco más.